inversiones inteligentes 1 | Page 226

EL INVERSOR INTELIGENTE comparación de las empresas en crecimiento más importantes con el grueso de las empresas bien establecidas; excluimos de nuestra opinión a las empresas muy especulativas, porque son las propias empresas las que son especulativas). La exposición que hemos hecho anteriormente debería explicar el comportamiento frecuentemente errático seguido por el precio de las acciones de las empresas más impresionantes y con mejores resultados. Nuestro ejemplo favorito es el del rey de todas ellas, International Business Machines. La cotización de sus acciones descendió desde 607 a 300 en siete meses en 1962-1963; después de dos desdoblamientos, su precio cayó de 387 a 219 en 1970. De la misma manera, Xerox, un generador de beneficios aún más impresionante en las últimas décadas, pasó de 171 a 87 en 1962-1963 y de 116 a 65 en 1970. Estas imponentes pérdidas no eran indicativas de que en el mercado existiesen dudas acerca del crecimiento futuro a largo plazo de IBM o de Xerox; al contrario, reflejaban la falta de confianza en la prima de valoración que el propio mercado había atribuido a esas excelentes perspectivas. La exposición anterior nos lleva a una conclusión de importancia práctica para el inversor conservador que invierta en acciones. Si quiere prestar alguna atención especial a la selección de su cartera, sería mejor que se concentrase en acciones que cotizasen relativamente cerca del valor de su activo tangible, por ejemplo, algo más de un tercio por encima de esa cifra. Las adquisiciones realizadas a esos niveles, o niveles inferiores, pueden conectarse con cierta lógica al balance de la empresa, y pueden tener una justificación o un apoyo independientes de los fluctuantes precios de mercado. La prima respecto del valor contable que pueda ser necesario abonar podría considerarse como una especie de valor extraordinario abonado por la ventaja de disfrutar de cotización en el mercado, con la concomitante posibilidad de realizar operaciones de tráfico mercantil. Llegado este momento, es necesario hacer una advertencia. Una acción no es una inversión sensata simplemente porque se pueda comprar a un precio cercano al valor de su activo. El inversor debería exigir, además, una relación satisfactoria entre los beneficios y el precio, una situación financiera suficientemente sólida y la perspectiva de que los beneficios por lo menos se mantengan a lo largo de los años. Es posible que esto parezca mucho exigir a una acción que tenga una cotización modesta, pero se trata de una prescripción que no resulta difícil satisfacer prácticamente en cualquier condición de mercado, con la salvedad de las peligrosamente elevadas. En los casos en los que el inversor esté dispuesto a renunciar a la cálculo, por pequeño que éste sea. Graham comenta este problema mas adelante, en el apéndice 4 (pág. 619). 228