EL INVERSOR Y LAS FLUCTUACIONES DEL MERCADO
limitado sus participaciones accionariales a las empresas grandes,
destacadas y financiadas de manera conservadora. El valor general habrá
crecido desde un nivel medio de aproximadamente 890 hasta un máximo de
995 en 1966 (y de 985 nuevamente en 1968), cayendo hasta 631 en 1970 y
consiguiendo una recuperación prácticamente completa hasta 940 a
principios de 1971. (Como las acciones individuales alcanzan sus máximos
y sus mínimos en diferentes momentos, las fluctuaciones del grupo del
Dow Jones en conjunto son menos severas que las de sus componentes
separados). Hemos realizado un seguimiento de las fluctuaciones de
precios de otros tipos de carteras de acciones diversificadas y
conservadoras, y hemos descubierto que los resultados generales no son
excesivamente diferentes de los indicados anteriormente. En general, las
acciones de empresas de segundo orden* fluctúan más que las de las
empresas importantes, pero eso no significa necesariamente que un grupo
de empresas bien establecidas, aunque de menores dimensiones, vayan a
conseguir unos resultados menos satisfactorios a lo largo de un período
relativamente prolongado. En cualquier caso, el inversor también podría
resignarse anticipadamente a la probabilidad, más que a la mera
posibilidad, de que la mayor parte de sus participaciones en acciones
aumenten el 50% o más, por ejemplo, desde su punto mínimo y se reduzcan
en el equivalente de un tercio desde su punto máximo en diferentes
períodos de los cinco próximos años.†
No será muy probable que el inversor serio crea que las fluctuaciones
de un día a otro, o incluso las fluctuaciones de un mes a otro, del mercado
de valores vayan a enriquecerle o a empobrecerle. ¿Podrían hacerla los
cambios a más largo plazo y de mayor calado? En este terreno surgen
dudas prácticas, y problemas psicológicos que probablemente se
complicarán. Una subida sustancial en el mercado es, simultáneamente, Un
motivo justificado de satisfacción y una causa de preocupación prudente,
pero también puede entrañar una gran tentación de emprender acciones
imprudentes. Sus acciones han subido, ¡bien! Es usted más rico que antes,
¡bien! Pero, ¿ha subido demasiado el precio y debería pensar en vender? ¿o
debería castigarse por no haber comprado más acciones cuando el nivel era
*
El equivalente actual de lo que Graham denomina «empresas de segundo orden» serían cualquiera de las
miles de acciones de empresas no incluidas en el índice Standard & Poor's 500. Tiene a su disposición
una lista revisada periódicamente de las 500 acciones del índice S & P. en www.standardandpoors.com.
†
Téngase muy en cuenta lo que está afirmando Graham en este caso. No sólo es posible, sino que más
bien es probable que la mayoría de las acciones que posea vayan a ganar por lo menos el 50% con
respecto a su cotización más baja y que vayan a perder como mínimo el 33% con respecto a su cotización
más elevada, con independencia de cuales sean las acciones que posea y de que el mercado en su conjunto
suba o baje. Si no puede aceptarlo, o si cree que su cartera, por arte de magia es inmune a ello, es que no
reúne usted las condiciones para llamarse inversor. [Graham se refiere a una caída del 33% como al
«tercio equivalente» porque una subida del 50% haría que una acción de 10 dólares valiese 15 dólares.
Partiendo de 15 dólares, una pérdida pe 33% (o una bajada de 5 dólares) la dejaría nuevamente en 10
dólares, que era el punto de partida].
225