EL INVERSOR INTELIGENTE
Hay un aspecto de toda esta teoría del « aprovechamiento de la coyuntura » que aparentemente ha pasado inadvertida a todo el mundo. El aprovechamiento de la coyuntura tiene una gran importancia psicológica para la especulador, porque desea conseguir su beneficio en un período breve de tiempo. La idea de tener que esperar un año para que sus acciones suban de valor le resulta repugnante. Sin embargo, el período de espera, de por sí, no tiene ninguna trascendencia para el inversor. ¿ Qué ventaja tiene para el inversor tener su dinero desinvertido hasta que reciba alguna señal( presumiblemente) digna de confianza de que ha llegado el momento de comprar? Únicamente tendrá alguna ventaja si con la espera consigue comprar posteriormente a un precio suficientemente reducido para compensar su pérdida de ingresos por dividendo. Lo que esto significa es que la realización de operaciones en función de la coyuntura no tiene auténtico valor para el inversor, salvo que dicho momento determinado en función de la coyuntura coincida con el determinado en función del precio, es decir, salvo que le permita volver a comprar sus acciones a un precio sustancialmente inferior al anterior precio de venta.
En este sentido, la famosa teoría de Dow sobre las compras y ventas en función de la coyuntura ha sido objeto de una historia muy poco habitual. * En pocas palabras, esta técnica interpreta como una señal de compra ciertas subidas especiales de mercado que superen los niveles medios de cotización, mientras que interpreta como una señal de venta ciertas bajadas especiales de mercado similares, que atraviesan los niveles medios de cotización. Los resultados calculados, que no necesariamente son reales, que se hubiesen obtenido con el uso de este método mostraron una serie prácticamente sin excepciones de beneficios en las operaciones desde 1897 hasta principios de la década de 1960. Atendiendo a esta exposición, el valor práctico de la teoría Dow parecería firmemente comprobado; la duda, si es que la hubiese, recaería sobre la fiabilidad que este « registro » publicado tendría en cuanto a reflejo de lo que habría hecho realmente en el mercado una persona que aplicase las teorías de Dow, no en cuanto a la validez de éstas.
Un estudio más detallado de las cifras indica que la calidad de los resultados arrojados por la teoría de Dow cambió radicalmente después de 1938, unos pocos años después de que la teoría hubiese empezado a ser tenida seriamente en cuenta en Wall Street. Su logro más espectacular había sido el de dar una señal de venta, a 306, aproximadamente un mes antes de que se desatase la crisis de 1929, y en haber mantenido a sus seguidores al margen del prolongado período de descenso del mercado hasta que la situación se había corregido prácticamente a sí misma, en el
* Véase la página 17.
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