EL INVERSOR Y LAS FLUCTUACIONES DEL MERCADO
Cuanto más se aleja uno de Wall Street, más escepticismo
encontrará, o por lo menos eso creemos, hacia las pretensiones de
pronosticar la evolución del mercado de valores o de determinar el
momento adecuado para operar en él en función de la coyuntura. Parece
imposible que el inversor se tome muy en serio las innumerables
predicciones que aparecen prácticamente a diario y que se ponen a su
disposición simplemente con pedirlas. Sin embargo, en muchos casos,
presta atención a esas predicciones e incluso las pone en práctica. ¿Por
qué? Porque se le ha persuadido de que es importante que se forme una
opinión de un tipo u otro acerca de la futura evolución del mercado de
valores, y porque tiene la impresión de que los pronósticos ofrecidos por
las agencias de bolsa o servicios de previsión son, por lo menos, más
fiables que sus propios pronósticos.*
No tenemos en esta obra el espacio suficiente para exponer con
detalle las ventajas y los inconvenientes de los pronósticos de mercado.
Esta disciplina recibe una enorme cantidad de capacidad intelectual, y es
indiscutible que algunas personas pueden ganar dinero trabajando como
buenos analistas del mercado de valores. No obstante, es absurdo pensar
que el público en general vaya a poder ganar en algún momento dinero con
los pronósticos de mercado. Simplemente plantéese la siguiente pregunta:
¿Quién va a comprar cuando el público en general, siguiendo una señal
concreta, se lance a vender para conseguir beneficios? Si usted, el lector,
pretende enriquecerse a lo largo del tiempo aplicando algún sistema o
método de antelación respecto a los pronósticos de mercado, debería
suponer que está tratando de hacer lo mismo que una innumerable cantidad
de personas, y que pretende hacerlo mejor que sus numerosos competidores
en el mercado. No hay ningún fundamento ni en el terreno de la lógica ni
en el de la experiencia para suponer que cualquier inversor típico o medio
es capaz de anticipar los movimientos del mercado con más éxito que el
público en general, del que forma parte.
*
A finales de la década de 1990, las previsiones de los «estrategas de mercado» cobraron mayor
influencia que nunca. Lamentablemente, no mejoraron en fiabilidad. El 10 de marzo de 2000,
precisamente el día que el índice compuesto del NASDAQ alcanzaba su máximo histórico de 5.048,62, el
analista técnico jefe de Prudential Securities, Ralph Acampora, dijo en USA Today que esperaba que el
NASDAQ llegase a 6.000 en 12 o 18 meses. Cinco semanas después, el NASDAQ había retrocedido
hasta los 3.321,29. Pero Tomas Galvin, estratega de mercado de Donaldson, Lufkin & Jenrette, declaró
que «el NASDAQ únicamente tiene 200 o 300 puntos de recorrido a la baja, y 2.000 al alza». Resulto que
no hubo recorrido al alza y sí más de 2.000 puntos de recorrido a la baja, ya que el NASDAQ siguió
despeñándose hasta que finalmente tocó fondo el 9 de octubre de 2002, a 1.114,11. En marzo de 2001,
Abby Joseph Cohen, estratega jefe de inversión en Goldman, Sachs & Co., predijo que el índice de
acciones Standard & Poor's 500 cerraría el año a 1.650 y que el Dow Jones Industrial Average terminaría
2001 a 13.000. «No esperamos una recesión», dijo Cohen, y creemos que los beneficios empresariales
crecerán a una tasa más cercana a la tendencia histórica de crecimiento a medida que vaya avanzando el
año». La economía estadounidense se hundía en la recesión mientras pronunciaba sus palabras, y el S & P
500 concluyó 2001 a 1.148,08, mientras que el Dow acabó a 10.021,50 -un 30% y un 23% por debajo de
sus previsiones, respectivamente.
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