EL INVERSOR INTELIGENTE
inversor, tanto en forma de revalorización a largo plazo de una cartera que se conserve prácticamente sin modificaciones a lo largo de períodos sucesivos de subida y bajada, como en cuanto a las posibilidades de comprar cerca de los mínimos durante períodos de caída del mercado y vender no muy por debajo de los máximos en los períodos de evolución alcista del mercado.
Fluctuaciones del mercado como guía para las decisiones de inversión
Dado que las acciones ordinarias, incluso las de categoría de inversión, están sujetas a fluctuaciones recurrentes y de amplio recorrido en sus precios, el inversor inteligente debería estar interesado en las posibilidades de aprovecharse de estas oscilaciones de péndulo. Hay dos posibles formas de lograrlo: actuar en función de la coyuntura y actuar en función del precio. Con la expresión de actuar en función de la coyuntura nos referimos al intento de anticiparse a la trayectoria que va a seguir el mercado de valores: comprar o conservar la inversión cuando se considera que la evolución futura será al alza, y vender o abstenerse de comprar cuando se considere que la evolución futura será a la baja. Con la expresión actuar en función del precio nos referimos al intento de comprar acciones cuando cotizan por debajo de su valor justo y de venderlas cuando suben por encima de dicho valor. Una forma menos ambiciosa de actuar en función del precio consiste, sencillamente, en poner todo de su parte para no pagar un precio excesivo por las acciones en el momento de llevar a cabo las adquisiciones. Esto podría ser suficiente para el inversor defensivo, cuyo principal interés se centra en la tendencia a largo plazo; por lo tanto, representa el nivel mínimo básico de atención que se debe prestar a los niveles de mercado. 1
Estamos convencidos de que el inversor inteligente puede conseguir resultados satisfactorios con cualquiera de las dos formas de actuación en función del precio. También estamos seguros en igual medida de que si se centra en actuar en función de la coyuntura, en el sentido de hacer pronósticos, acabará actuando como un especulador, y acabará teniendo los resultados propios del especulador financiero. A las personas inexpertas esta distinción puede parecerles tenue, y de hecho ni siquiera en Wall Street goza de aceptación generalizada. Por cuestión de práctica operativa, o tal vez como consecuencia de un minucioso proceso de convicción, los corredores y los agentes de bolsa y los servicios de inversión parecen inseparablemente unidos al principio de que tanto los inversores como los especuladores en acciones ordinarias tendrían que prestar una permanente y detenida atención a los pronósticos de mercado.
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