EL INVERSOR INTELIGENTE
Una característica esencial de una empresa de primer orden o líder es que
una acción única, por sí sola, suele valer tanto como una acción
perteneciente a un bloque de control. En las empresas de categoría
secundaria el valor de mercado medio de una acción independiente es
sustancialmente menor que el valor que tiene para el propietario que ejerce
el control. A causa de este hecho, la cuestión de las relaciones entre los
accionistas y los directivos, y entre los accionistas internos y externos suele
ser mucho más importante y controvertida en el caso de las empresas de
categoría secundaria que en el caso de las empresas de categoría primaria.
Al final del capítulo 5 comentamos la dificultad que existía a la hora
de hacer distinciones claras y precisas entre empresas primarias y
secundarias. Las numerosas empresas que se encuentran en los límites
colindantes de las dos categorías pueden razonablemente mostrar un
comportamiento de precio intermedio. No sería ilógico que un inversor
adquiriese acciones de cualquiera de esas empresas con un pequeño
descuento del precio indicado o de casación, con el argumento de que se
encuentran a una pequeña distancia de la clasificación de empresas
primarias y que bien podrían adquirir esa clasificación en un futuro no muy
lejano.
Por lo tanto, la distinción entre empresas de categoría primaria y
secundaria no tiene por qué hacerse con excesiva precisión; dado que, si se
estableciese de manera precisa y tajante, una pequeña diferencia de calidad
debería producir una gran diferencia en el precio de compra que estaría
justificado. Al hacer esta afirmación estamos admitiendo la existencia de
un terreno intermedio en la clasificación de las acciones ordinarias, aunque
no nos fiemos mostrado partidarios de defender la posibilidad de dicho
terreno intermedio en la clasificación de inversores. Nuestro argumento
para esta aparente incongruencia es el siguiente: no se desprende un grave
perjuicio de la existencia de algún cierto nivel de incertidumbre a la hora de
evaluar un único valor, porque estos casos son excepcionales y la cuestión
no tiene una gran trascendencia. Sin embargo, la elección del inversor entre
una postura defensiva y una postura agresiva tiene graves e importantes
consecuencias para él, y no debería permitirse que quedase en una situación
confusa o comprometida a la hora de adoptar esta decisión básica.
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