EL INVERSOR INTELIGENTE
propicio. En cualquier caso, merece la pena exponer la naturaleza general y
el origen de estas operaciones, con uno o dos ejemplos ilustrativos.
La «situación especial» típica ha tenido su origen en el aumento del
número de adquisiciones de empresas pequeñas por parte de las empresas
grandes, a medida que el evangelio de la diversificación de productos iba
siendo adoptado por un número cada vez más elevado de equipos
directivos. Casi siempre parece un buen negocio para estas empresas la
adquisición de una empresa existente en el terreno en el que desea
introducirse, en lugar de la alternativa de lanzar un nuevo proyecto desde
cero. Para que esta adquisición sea posible, y para conseguir la aceptación
de la necesaria mayoría de los accionistas de la empresa adquirida, casi
siempre es necesario ofrecer un precio considerablemente superior al nivel
imperante en el mercado. Estas operaciones empresariales siempre han
ofrecido interesantes oportunidades de beneficio para aquellos que han
estudiado este terreno y tienen una buena capacidad de juicio, reforzada por
una amplia experiencia.
Los inversores hábiles consiguieron grandes cantidades de dinero no
hace muchos años mediante la adquisición de obligaciones de empresas
ferroviarias inmersas en procesos concursales, obligaciones que sabían que
valdrían mucho más de lo que les habían costado cuando esas empresas
fuesen finalmente reorganizadas. Después de la promulgación de los planes
de reorganización surgía un mercado para los nuevos títulos que
negociaban en condiciones «cuando se emitan». Estos nuevos títulos casi
siempre se vendían por una cifra considerablemente superior al coste de las
viejas emisiones que iban a ser canjeadas por ellos. Siempre existía el
riesgo de que los planes no se consumasen o de que se produjesen demoras
imprevistas, pero en conjunto estas «operaciones de arbitraje» resultaron
ser extraordinariamente rentables.
Se produjeron oportunidades similares como consecuencia de la
escisión de las sociedades de cartera concesionarias de servicios y
suministros públicos en aplicación de la legislación promulgada en 1935.
Prácticamente todas estas empresas acabaron valiendo considerablemente
más cuando dejaron de ser sociedades pertenecientes a una sociedad de
cartera y se convirtieron en un grupo de empresas operativas
independientes.
El factor subyacente en este terreno es la tendencia que tiene el
mercado de valores a minusvalorar los títulos que están afectados por algún
tipo de proceso judicial complicado. Tradicionalmente, había un aforismo
en Wall Street que decía «Nunca te metas en juicios». Puede ser un buen
consejo para el especulador que esté tratando de llevar a cabo acciones
rápidas con sus carteras. Sin embargo, la adopción de esta actitud por parte
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