inversiones inteligentes 1 | Page 188

EL INVERSOR INTELIGENTE especuladores. Nuestra experiencia y nuestros estudios nos llevan a recomendar tres métodos de inversión que satisfacen esos criterios. Son muy diferentes unos de otros, y cada uno de ellos puede exigir un tipo diferente de conocimiento y temperamento por parte de quienes lo pongan en práctica. La gran empresa relativamente impopular Si suponemos que el hábito del mercado consiste en sobrevalorar las acciones de empresas que han tenido un excelente crecimiento o que están de moda por algún otro motivo, es lógico suponer que el mercado minusvalorará, por lo menos en términos relativos, a las empresas que resulten impopulares por acontecimientos insatisfactorios de naturaleza temporal. Esta hipótesis podría formularse en una ley fundamental del mercado de valores, que sugiere un método de inversión que debería resultar conservador y prometedor. El requisito clave en este terreno es que el inversor emprendedor se concentre en las empresas de mayor tamaño que estén atravesando un período de impopularidad. Aunque las empresas pequeñas también pueden estar minusvaloradas por motivos similares, y en muchos casos pueden incrementar sus beneficios y la cotización de sus acciones en un momento posterior, entrañan el riesgo de pérdida definitiva de la rentabilidad y también de un pro 1onga do desinterés, por parte del mercado a pesar de la mejora de sus resultados. Las grandes empresas, por lo tanto, ofrecen una doble ventaja en relación con las otras. En primer lugar, tienen los recursos de capital y de capacidad intelectual para poder superar la adversidad y volver a disfrutar de una base de beneficios satisfactoria. En segundo lugar, es muy probable que el mercado responda con una razonable rapidez a cualquier mejora que se materialice. Una destacable demostración de la sensatez de esta tesis se encuentra en los estudios del comportamiento de las cotizaciones de acciones poco populares integradas en el Dow Jones Industrial Average. El estudio partía de la base de una inversión realizada cada año en las seis o en las diez acciones del DJIA que cotizaban a los menores múltiplos de los beneficios del año en curso o del año anterior. Podría decirse que eran las acciones más «baratas» de la lista, y su condición de barata era evidentemente el reflejo de una relativa impopularidad entre los inversores o los operadores. Adicionalmente se suponía en el estudio que estas acciones eran vendidas al final de períodos de tenencia que oscilaban entre uno y cinco años. Los resultados de estas inversiones se comparaban con los resultados mostrados 190