EL INVERSOR INTELIGENTE
especuladores. Nuestra experiencia y nuestros estudios nos llevan a
recomendar tres métodos de inversión que satisfacen esos criterios. Son
muy diferentes unos de otros, y cada uno de ellos puede exigir un tipo
diferente de conocimiento y temperamento por parte de quienes lo pongan
en práctica.
La gran empresa relativamente impopular
Si suponemos que el hábito del mercado consiste en sobrevalorar las
acciones de empresas que han tenido un excelente crecimiento o que están
de moda por algún otro motivo, es lógico suponer que el mercado
minusvalorará, por lo menos en términos relativos, a las empresas que
resulten impopulares por acontecimientos insatisfactorios de naturaleza
temporal. Esta hipótesis podría formularse en una ley fundamental del
mercado de valores, que sugiere un método de inversión que debería
resultar conservador y prometedor.
El requisito clave en este terreno es que el inversor emprendedor se
concentre en las empresas de mayor tamaño que estén atravesando un
período de impopularidad. Aunque las empresas pequeñas también pueden
estar minusvaloradas por motivos similares, y en muchos casos pueden
incrementar sus beneficios y la cotización de sus acciones en un momento
posterior, entrañan el riesgo de pérdida definitiva de la rentabilidad y
también de un pro 1onga do desinterés, por parte del mercado a pesar de la
mejora de sus resultados. Las grandes empresas, por lo tanto, ofrecen una
doble ventaja en relación con las otras. En primer lugar, tienen los recursos
de capital y de capacidad intelectual para poder superar la adversidad y
volver a disfrutar de una base de beneficios satisfactoria. En segundo lugar,
es muy probable que el mercado responda con una razonable rapidez a
cualquier mejora que se materialice.
Una destacable demostración de la sensatez de esta tesis se encuentra
en los estudios del comportamiento de las cotizaciones de acciones poco
populares integradas en el Dow Jones Industrial Average. El estudio partía
de la base de una inversión realizada cada año en las seis o en las diez
acciones del DJIA que cotizaban a los menores múltiplos de los beneficios
del año en curso o del año anterior. Podría decirse que eran las acciones
más «baratas» de la lista, y su condición de barata era evidentemente el
reflejo de una relativa impopularidad entre los inversores o los operadores.
Adicionalmente se suponía en el estudio que estas acciones eran vendidas
al final de períodos de tenencia que oscilaban entre uno y cinco años. Los
resultados de estas inversiones se comparaban con los resultados mostrados
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