EL INVERSOR INTELIGENTE
adquirir un número suficiente de títulos que le permita garantizarse un
resultado «medio», y tampoco estará en condiciones de reservar una parte
de sus mayores ingresos para compensar o «amortizar» las pérdidas de
principal que acaben siendo permanentes. Por último, es una mera cuestión
de sentido común abstenerse de comprar títulos a una cotización de más o
menos 100 si la experiencia histórica indica que se pueden comprar
probablemente a 70 o menos en el siguiente período de debilidad que
atraviese el mercado.
Obligaciones de países extranjeros
Todos los inversores que tengan un poco de experiencia, por pequeña
que ésta sea, saben que las obligaciones extranjeras, en conjunto, se han
granjeado fama de ser un mal instrumento de inversión desde 1914. Esto
era inevitable, si se tiene en cuenta que desde esa época ha habido dos
guerras mundiales y una depresión mundial en el ínterin de una
profundidad nunca conocida. Sin embargo, cada pocos años las condiciones
de mercado son suficientemente favorables para hacer posible la venta de
algunos nuevos instrumentos extranjeros a un precio cercano a la par. Este
fenómeno es muy revelador de la forma de pensar de la mente del inversor
medio, y no sólo en el campo de las obligaciones.
No tenemos ningún motivo concreto para preocupamos por los
futuros resultados que acumulen las obligaciones extranjeras bien
consideradas, como por ejemplo las de Australia o Noruega. Sin embargo,
lo que sí sabemos es que en caso de que, o cuando, aparezcan problemas, el
propietario de obligaciones extranjeras no tendrá ningún medio legal, ni de
otro tipo, de hacer valer sus derechos. Quienes compraron obligaciones de
la República de Cuba al 4,5% a una cotización de hasta 117 en 1953
tuvieron que sufrir el impago de sus intereses y después tuvieron que
venderlas a cotizaciones tan bajas como 20 centavos por dólar en 1963. La
lista de obligaciones de la bolsa de Nueva York de aquel año también
incluía obligaciones del Congo Belga al 5,25% que cotizaban a 36,
obligaciones de Grecia al 7% que cotizaban a 30, y diferentes emisiones de
obligaciones de Polonia con cotizaciones que llegaban hasta un mínimo de
7. ¿Cuántos lectores tienen alguna idea sobre las repetidas vicisitudes de las
obligaciones al 8% de Checoslovaquia desde que se ofrecieron por primera
vez en Estados Unidos en 1922 a 96,5? Su cotización subió a 112 en 1928,
se redujo a 67,75 en 1932, se recuperó hasta 110 en 1936, se vino abajo a 6
en 1939, se recuperó (increíblemente) a 117 en 1946, se desplomó
rápidamente a 35 en 1948 y se ha vendido a cotizaciones tan bajas como 8
en 1970.
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