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POLÍTICA DE CARTERA PARA EL INVERSOR EMPRENDEDOR:…
El ejemplo anterior nos permite exponer lo que opinamos sobre la falacia popular que suele recibir la denominación de « inversión para empresarios ». Esto supone la adquisición de un título que muestre un rendimiento mayor que el que se puede obtener con una emisión de primera. categoría y que entrañe un riesgo concomitantemente superior. Es un mal negocio aceptar la posibilidad reconocida de sufrir una pérdida de principal a cambio de un mero 1 o 2 % de renta anual adicional. Si está dispuesto. a asumir ciertos riesgos, debería estar seguro de que puede conseguir un beneficio realmente importante con el valor del principal en caso de que todo salga bien. Por lo tanto, una obligación de segunda categoría con un interés del 5,5 o del 6 % que se venda a la par es prácticamente siempre una mala adquisición. Esos mismos títulos a 70 podrían resultar más adecuados y si tiene paciencia probablemente podrá adquirirlos a ese nivel.
Las obligaciones de segunda categoría y las acciones preferentes tienen dos atributos contradictorios que el inversor inteligente debe tener claramente presentes. Prácticamente todas sufren graves retrocesos cuando la situación del mercado es negativa. Por otra parte, una gran parte de ellas recuperan su posición cuando vuelven las condiciones favorables, y éstas, en última instancia, « acaban saliendo bien ». Esto es cierto incluso en el caso de las acciones preferentes( cuando se trata de obligaciones con derecho a acumular los dividendos no desembolsados) que no han pagado dividendos durante muchos años. Hubo un número de títulos de ese tipo a principios de la década de 1940, como consecuencia del período de gran depresión de la década de 1930. Durante el período de crecimiento explosivo de la postguerra, 1945-1947, muchas de estas grandes acumulaciones fueron pagadas en metálico o con nuevos títulos, y en muchos casos también se atendió al pago del principal. Como resultado, las personas que unos cuantos años antes habían comprado estos títulos desfavorecidos a precios muy bajos obtuvieron grandes beneficios. 2
Bien podría darse el caso de que, en términos contables generales los mayores rendimientos que se pueden obtener con las emisiones senior de segunda categoría hayan compensado las pérdidas de principal que eran irrecuperables. En otras palabras, un inversor que haya comprado todos esos títulos a sus precios ofrecidos podría haber tenido unos resultados similares, a largo plazo, a los de una persona que se hubiese limitado a títulos de primera categoría · tampoco puede descartarse que sus resultados hubiesen sido aún mejores. 3
No obstante, a efectos prácticos, esta cuestión es básicamente irrelevante. Sea cual sea resu1tado, el comprador de títulos de segunda categoría que haya pagado el precio integro estará preocupado e incómodo cuando la cotización de los títulos se venga abajo. Además, no podrá
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