EL INVERSOR INTELIGENTE
manera, si una acción preferente o incluso una acción ordinaria se compra
con la expectativa de que se siga abonando un tipo determinado de
dividendo, cualquier reducción o cualquier falta de declaración de
dividendo significará que esa acción ha resultado ser insegura. También es
cierto que la inversión entraña el riesgo de que exista una razonable
posibilidad de que el titular tenga que vender en un momento en el que el
precio esté muy por debajo del coste.
No obstante, la idea del riesgo también se suele extender para
aplicarla al posible declive del precio de la acción, aun cuando ese declive
pueda ser de naturaleza cíclica y temporal, incluso aunque el tenedor de las
acciones tenga pocas probabilidades de verse obligado a vender en tales
momentos. Estos riesgos se dan en todo tipo de valores, salvo en los bonos
de ahorro de Estados Unidos, y en las emisiones de acciones ordinarias se
dan en mayor medida que en las emisiones preferentes consideradas como
de categoría. No obstante, creemos que esta cuestión no es un verdadero
riesgo en el sentido práctico del término. La persona que tiene una hipoteca
sobre un edificio puede verse obligada a asumir una pérdida sustancial si se
viese obligada a venderlo en un momento desfavorable. Ese elemento no se
tiene en cuenta al juzgar la seguridad o el riesgo de las hipotecas
inmobiliarias ordinarias, cuyo único criterio es la certidumbre de los pagos
puntuales. De la misma manera, el riesgo que se atribuye a una actividad
mercantil ordinaria se mide desde el punto de vista de las probabilidades de
que pierda dinero, no de lo que ocurriría si su propietario se viese obligado
a venderlo.
El capítulo 8 expondrá nuestro convencimiento de que el inversor
legítimo no tiene que perder dinero simplemente porque el precio del
mercado de sus participaciones accionariales se reduzca; por lo tanto, el
hecho de que se produzca una bajada de precios no significa que esté
corriendo un verdadero riesgo de incurrir en pérdidas. Si un grupo de
inversiones en acciones ordinarias bien seleccionadas muestra un
rendimiento satisfactorio general medido durante un número razonable de
años, este grupo de inversiones habrá demostrado que es «seguro». Durante
ese período su valor de mercado habrá fluctuado, con toda probabilidad, y
existen más o menos las mismas probabilidades de que durante un cierto
período hubiese tenido que ser vendido por un precio inferior al que le
costó al comprador, que de que no ocurra esto. Si este hecho hace que la
inversión sea «arriesgada», deberíamos afirmar que se trata de una
inversión arriesgada y segura al mismo tiempo. Esta confusión se puede
evitar si aplicamos el concepto de riesgo exclusivamente a la pérdida de
valor que se materializa mediante la venta real, o que se provoca por un
deterioro sustancial en la posición de la sociedad, o, lo que puede ocurrir
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