inversiones inteligentes 1 | Page 144

EL INVERSOR INTELIGENTE manera, si una acción preferente o incluso una acción ordinaria se compra con la expectativa de que se siga abonando un tipo determinado de dividendo, cualquier reducción o cualquier falta de declaración de dividendo significará que esa acción ha resultado ser insegura. También es cierto que la inversión entraña el riesgo de que exista una razonable posibilidad de que el titular tenga que vender en un momento en el que el precio esté muy por debajo del coste. No obstante, la idea del riesgo también se suele extender para aplicarla al posible declive del precio de la acción, aun cuando ese declive pueda ser de naturaleza cíclica y temporal, incluso aunque el tenedor de las acciones tenga pocas probabilidades de verse obligado a vender en tales momentos. Estos riesgos se dan en todo tipo de valores, salvo en los bonos de ahorro de Estados Unidos, y en las emisiones de acciones ordinarias se dan en mayor medida que en las emisiones preferentes consideradas como de categoría. No obstante, creemos que esta cuestión no es un verdadero riesgo en el sentido práctico del término. La persona que tiene una hipoteca sobre un edificio puede verse obligada a asumir una pérdida sustancial si se viese obligada a venderlo en un momento desfavorable. Ese elemento no se tiene en cuenta al juzgar la seguridad o el riesgo de las hipotecas inmobiliarias ordinarias, cuyo único criterio es la certidumbre de los pagos puntuales. De la misma manera, el riesgo que se atribuye a una actividad mercantil ordinaria se mide desde el punto de vista de las probabilidades de que pierda dinero, no de lo que ocurriría si su propietario se viese obligado a venderlo. El capítulo 8 expondrá nuestro convencimiento de que el inversor legítimo no tiene que perder dinero simplemente porque el precio del mercado de sus participaciones accionariales se reduzca; por lo tanto, el hecho de que se produzca una bajada de precios no significa que esté corriendo un verdadero riesgo de incurrir en pérdidas. Si un grupo de inversiones en acciones ordinarias bien seleccionadas muestra un rendimiento satisfactorio general medido durante un número razonable de años, este grupo de inversiones habrá demostrado que es «seguro». Durante ese período su valor de mercado habrá fluctuado, con toda probabilidad, y existen más o menos las mismas probabilidades de que durante un cierto período hubiese tenido que ser vendido por un precio inferior al que le costó al comprador, que de que no ocurra esto. Si este hecho hace que la inversión sea «arriesgada», deberíamos afirmar que se trata de una inversión arriesgada y segura al mismo tiempo. Esta confusión se puede evitar si aplicamos el concepto de riesgo exclusivamente a la pérdida de valor que se materializa mediante la venta real, o que se provoca por un deterioro sustancial en la posición de la sociedad, o, lo que puede ocurrir 146