EL INVERSOR DEFENSIVO Y LAS ACCIONES ORDINARIAS
automáticamente a bonos de serie E. El resto es una cantidad tan modesta que difícilmente le compensaría someterse a la exigente disciplina educativa y de temperamento que le permitiese llegar a ser un inversor agresivo. Por lo tanto, recurrir simplemente a nuestro programa ordinario de inversor defensivo sería, al mismo tiempo, la política más sencilla y la más lógica.
No pasemos por alto la naturaleza humana en esta cuestión. Las finanzas ejercen una gran fascinación sobre muchos jóvenes brillantes que cuentan con limitados recursos. Les gustaría ser inteligentes y emprendedores en la utilización de sus ahorros, aun cuando la renta de sus inversiones sea mucho menos importante para ellos que sus salarios. Tal actitud es encomiable y positiva. Es una gran ventaja que el joven capitalista comience su educación y su experiencia financiera en las etapas iniciales de su vida. Si va a operar como un inversor agresivo es indudable que cometerá ciertos errores y que tendrá que asumir algunas pérdidas. La juventud puede superar estas decepciones y beneficiarse de ellas. Animamos a los novatos en la compra de valores a que no malgasten sus esfuerzos y su dinero en tratar de obtener mejores resultados que el mercado. Es mejor que estudien los valores y que pongan a prueba su capacidad de juicio para comparar el precio y el valor con las sumas más pequeñas posibles.
De esta manera volvemos a la afirmación, hecha al principio, de que el tipo de valores que se deben comprar y el tipo de rendimiento que se debe tratar de obtener no depende de los recursos financieros del inversor, sino de su preparación financiera, en términos de conocimiento, experiencia y temperamento.
Nota sobre el concepto de « riesgo »
Convencionalmente se habla de las obligaciones de buena categoría diciendo que son menos arriesgadas que las acciones preferentes de buena categoría, y que estas últimas son menos arriesgadas que las acciones ordinarias de buena categoría. De estas afirmaciones proviene el prejuicio popular contra las acciones ordinarias, derivadas del hecho de que no se considera que sean « seguras », prejuicio que quedó de manifiesto en el estudio realizado por el Consejo de la Reserva Federal en 1948. Nos gustaría destacar que las palabras « riesgo » y « seguridad » se aplican a los valores en dos sentidos diferentes, lo que da lugar a una confusión teórica.
Una obligación resulta ser claramente insegura cuando se incumplen los deberes de pago de intereses o de devolución del principal. De la misma
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