EL INVERSOR INTELIGENTE
primera categoría es un compromiso entre estos objetivos y corresponde a
nuestra prescripción general para el inversor defensivo. (El componente en
acciones podría elevarse hasta el 75% si el inversor está psicológicamente
preparado para esta decisión, y si puede estar prácticamente seguro de que
no está comprando a un nivel demasiado elevado. Por supuesto, éste no es
el caso a principios de 1972).
No excluimos la posibilidad de que la viuda pueda cumplir los
requisitos que se imponen al inversor emprendedor, en cuyo caso sus
objetivos y métodos serán muy diferentes. Lo único que la viuda no debe
hacer es correr riesgos especulativos a fin de «conseguir algunos ingresos
extraordinarios». Con esa afirmación nos referimos a tratar de obtener
beneficios o más renta sin contar con los medios necesarios que garanticen
plena confianza en el éxito general Puede ser mucho mejor que la viuda
retire 2.000 dólares al año de su principal para hacer frente a las facturas
que tratar de arriesgar la mitad de ese principal en proyectos inestables y,
por lo tanto, especulativos.
El próspero doctor no está sometido a ninguna de las presiones ni
necesidades de la viuda y, no obstante, creemos que sus opciones son muy
similares: ¿Está dispuesto a involucrarse seriamente en la actividad de la
inversión? Si carece del impulso o del conocimiento, lo mejor que puede
hacer es, aceptar el fácil papel del inversor defensivo. La división de su
cartera no debería ser diferente de la de la «atípica» viuda y, por lo tanto,
debería tener el mismo margen de elección personal para determinar el
tamaño del componente de su cartera destinado a acciones. Los ahorros
anuales deberían invertirse aproximadamente en las mismas proporciones
que el patrimonio total
Es más probable que el doctor medio decida adoptar la postura del
inversor emprendedor que lo haga la viuda media, y tal vez el doctor tendrá
más probabilidades de éxito en esa actividad. No obstante, tiene un
hándicap importante: el hecho de que tiene menos tiempo disponible para
profundizar en su formación inversionista y para administrar sus fondos.
De hecho, los profesionales de la medicina tienen fama de haber culminado
con escaso éxito sus incursiones en el mundo de los valores financieros. El
motivo es que normalmente tienen una gran confianza en su propia
inteligencia y un gran deseo de obtener una buena rentabilidad por su
dinero, sin darse cuenta de que para conseguirlo es necesario prestar mucha
atención a esta cuestión y adoptar una forma profesional de abordar los
valores financieros.
Por último, el joven que ahorra 1.000 dólares al año y espera ir
mejorando progresivamente, se encuentra con las mismas opciones aunque
también por motivos diferentes. Parte de sus ahorros deberían ir
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