EL INVERSOR INTELIGENTE
como de los inversores institucionales. Expondremos los motivos
que nos llevan a proponer una exclusión tan drástica.
Las acciones de sociedades de crecimiento y el inversor defensivo
El término «acción de sociedad de crecimiento» se aplica a las
acciones cuyos beneficios por acción en el pasado han aumentado a un tipo
muy superior al de las acciones ordinarias en general, y respecto de las
cuales se espera que se mantenga esa tendencia en el futuro. (Algunos
autores afirman que una verdadera acción de una sociedad de crecimiento
debería ser aquella que se espera que por lo menos duplique sus beneficios
por acción en un plazo de diez años, es decir, que los incremente a un tipo
anual compuesto de más del 7,1%).*
Evidentemente, resulta muy atractivo comprar y poseer acciones de
este tipo, siempre y cuando el precio que se pague no sea excesivo. El
problema radica en esa condición, por supuesto, ya que las acciones de
sociedades en crecimiento se han vendido tradicionalmente a unos precios
elevados en relación con los beneficios actuales y a unos múltiplos muy
superiores de sus beneficios medios durante el período pasado. Esto ha
introducido un elemento especulativo de considerable peso en la imagen de
las acciones de sociedades en crecimiento y ha hecho que el éxito con
operaciones en este terreno no sea sencillo en absoluto.
La principal empresa de ese tipo ha sido, desde hace mucho tiempo,
International Business Machines, y ha aportado extraordinarias
recompensas a los que compraron sus acciones hace años y las conservaron
tenazmente. No obstante, ya hemos mencionado† que esta empresa, cuyas
acciones son las mejores entre las acciones ordinarias, perdió realmente el
50% de su cotización de mercado en un período de declive que duró seis
meses durante 1961-1962 y prácticamente el mismo porcentaje en 19691970. Otras acciones de sociedades en crecimiento han sido incluso más
vulnerables a estos acontecimientos negativos; en algunos casos, no sólo se
ha reducido la cotización, sino también los beneficios, lo que ha supuesto
un doble contratiempo para quienes tenían acciones de esas empresas. Un
buen ejemplo de este segundo tipo, a los efectos que nos interesan ahora, es
el de Texas Instruments, que en seis años creció de 5 a 256, sin abonar
dividendos, mientras que sus beneficios pasaban de 40 centavos a 3,91
*
La «Regla del 72» es una útil herramienta mental. Para calcular el período de tiempo que hace falta para
duplicar una cantidad de dinero, divida 72 entre su tasa de crecimiento prevista. Al 6%, por ejemplo, el
dinero se duplicaría en 12 años (72 dividido entre 6 = 12). Al tipo del 7,1 % que menciona Graham, una
acción de una empresa de crecimiento duplicará sus beneficios en poco más de 10 años (72/7,1 = 10,1
años),
†
Graham hace esta indicación en la pág. 93.
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