EL INVERSOR INTELIGENTE
demasiado con una opinión sobre el futuro que puede acabar perfectamente
siendo errónea.
Por lo tanto, debe reducir a toda costa sus expectativas, aunque
teniendo siempre la precaución de no deprimir su espíritu. Para el inversor
inteligente, la esperanza siempre es eterna, porque debe serlo. En los
mercados financieros, cuanto peor parece el futuro, mejor suele acabar
siendo. Un cínico dijo en una ocasión a G. K. Chesterton, el novelista y
ensayista británico, «Benditos sean los que no esperan nada, porque no se
sentirán decepcionados». ¿Qué respondió Chesterton?: «Benditos sean los
que no esperan nada, porque disfrutarán de todo».
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