inversiones inteligentes 1 | Page 107

Capítulo 4 Política de cartera general: El inversor defensivo Las características básicas de una cartera de inversión suelen venir determinadas habitualmente por la situación y las características del propietario o los propietarios. En un extremo hemos tenido a las cajas de ahorros, las compañías de seguros de vida y los denominados fondos fiduciarios legales. Hace una generación sus inversiones estaban limitadas por las estipulaciones legales vigentes en muchos estados a las obligaciones de máxima categoría y, en algunos casos, a acciones preferentes de máxima categoría. En el otro extremo tenemos a los empresarios adinerados y expertos, que incluirán en su lista de valor cualquier tipo de obligación o acción siempre y cuando consideren que construye una oportunidad de compra atractiva. Siempre ha sido un viejo y sensato principio que los que no pueden permitirse el lujo de asumir riesgos deberían contentarse con una rentabilidad relativamente reducida en sus fondos invertidos. A partir de esta idea ha surgido la noción general de que el tipo de rendimiento que el inversor debería tratar de alcanzar es más o menos proporcional al nivel de riesgo que está dispuesto a correr. Nuestra opinión es diferente. El tipo de rendimiento que se debe tratar de alcanzar debería depender, al contrario, de la cantidad de esfuerzo inteligente que el inversor está dispuesto a, y es capaz de, aportar a esta tarea. El rendimiento mínimo corresponderá al inversor pasivo, que desee tanto seguridad como falta de esfuerzo y preocupación. El rendimiento máximo será obtenido por el inversor alerta y emprendedor que ponga en juego la máxima inteligencia y capacidad. En la edición de 1965 añadimos lo siguiente: «En muchos casos puede haber menos riesgos reales relacionados a adquisición de una "acción de ocasión" que ofrezca la oportunidad de obtener un gran beneficio que con una adquisición de una obligación convencional con una rentabilidad aproximada del 4,5%». Esta afirmación encierra más verdad de la que nosotros mismos sospechábamos, puesto que en los años posteriores incluso las mejores obligaciones a largo plazo han perdido una parte 109