Capítulo 4
Política de cartera general:
El inversor defensivo
Las características básicas de una cartera de inversión suelen venir
determinadas habitualmente por la situación y las características del
propietario o los propietarios. En un extremo hemos tenido a las cajas de
ahorros, las compañías de seguros de vida y los denominados fondos
fiduciarios legales. Hace una generación sus inversiones estaban limitadas
por las estipulaciones legales vigentes en muchos estados a las obligaciones
de máxima categoría y, en algunos casos, a acciones preferentes de máxima
categoría. En el otro extremo tenemos a los empresarios adinerados y
expertos, que incluirán en su lista de valor cualquier tipo de obligación o
acción siempre y cuando consideren que construye una oportunidad de
compra atractiva.
Siempre ha sido un viejo y sensato principio que los que no pueden
permitirse el lujo de asumir riesgos deberían contentarse con una
rentabilidad relativamente reducida en sus fondos invertidos. A partir de
esta idea ha surgido la noción general de que el tipo de rendimiento que el
inversor debería tratar de alcanzar es más o menos proporcional al nivel de
riesgo que está dispuesto a correr. Nuestra opinión es diferente. El tipo de
rendimiento que se debe tratar de alcanzar debería depender, al contrario,
de la cantidad de esfuerzo inteligente que el inversor está dispuesto a, y es
capaz de, aportar a esta tarea. El rendimiento mínimo corresponderá al
inversor pasivo, que desee tanto seguridad como falta de esfuerzo y
preocupación. El rendimiento máximo será obtenido por el inversor alerta y
emprendedor que ponga en juego la máxima inteligencia y capacidad. En la
edición de 1965 añadimos lo siguiente: «En muchos casos puede haber
menos riesgos reales relacionados a adquisición de una "acción de ocasión"
que ofrezca la oportunidad de obtener un gran beneficio que con una
adquisición de una obligación convencional con una rentabilidad
aproximada del 4,5%». Esta afirmación encierra más verdad de la que
nosotros mismos sospechábamos, puesto que en los años posteriores
incluso las mejores obligaciones a largo plazo han perdido una parte
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