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COMENTARIO AL CAPÍTULO 3
empresariales medios de los últimos años( después de deducir la inflación). Tras un examen de los registros históricos, Shiller ha mostrado que cuando esta relación supera ampliamente el 20, el mercado suele ofrecer unos rendimientos deficientes posteriormente; cuando queda muy por debajo de 10 las acciones suelen generar unas substanciales beneficios tras un período de tiempo. A principios de 2003, aplicando los cálculos de Shiller, las acciones cotizaban aproximadamente a 22,8 veces los beneficios medios después de ajustar la inflación de la última década, todavía en la zona peligrosa, pero muy por debajo del demencial nivel de 44,2 veces que alcanzaron en diciembre de 1999.
¿ Qué resultados ha obtenido el mercado en el pasado cuando tenía un nivel de precios similar al actual? La figura 3.1 muestra los períodos del pasado en los que las acciones se encontraban en niveles similares, y los resultados que obtuvieron en los períodos decenales que siguieron a esos momentos:
Por lo tanto, a partir de unos niveles de valoración similares a los que se daban a principios de 2003, el mercado de valores en ocasiones ha conseguido unos resultados muy buenos en los 10 años siguientes, en ocasiones ha obtenido unos resultados deficientes, y el resto de las veces ha ido tirando. Creo que Graham, adoptando siempre una postura conservadora, dividiría la diferencia entre los rendimientos inferiores y los rendimientos superiores del pasado, y proyectaría el resultado durante la siguiente década, con lo que las acciones obtendrían aproximadamente el 6 % anual, o el 4 % después de deducir la inflación.( Es interesante destacar que esa proyección es equivalente al cálculo que habíamos realizado anteriormente cuando sumamos el crecimiento real, el crecimiento inflacionario y el crecimiento especulativo). En comparación con la década de 1990, el 6 % son cacahuetes. Sin embargo, es bastante mejor que los beneficios que es probable que generen las obligaciones, y un motivo suficiente para que la mayor parte de los inversores sigan teniendo acciones en su cartera diversificada.
. De todas formas, hay una segunda lección que se puede extraer del método aplicado por Graham. La única cosa en la que se puede confiar cuando se hacen previsiones sobre la futura rentabilidad de las acciones es que es muy probable que la previsión resulte ser errónea. La única verdad indiscutible que nos enseñan las décadas pasadas es que el futuro siempre nos sorprenderá; siempre. y el corolario de esta ley de la historia financiera es que los mercados sorprenderán más brutalmente a las personas que estén más seguras de que sus opiniones sobre el futuro son acertadas. Mantener la humildad respecto a la capacidad personal de previsión, como hizo Graham, siempre servirá de defensa frente al peligro de arriesgar
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