inversiones inteligentes 1 | Page 102

EL INVERSOR INTELIGENTE Más dura será la caída Como antídoto duradero a este tipo de pamplinas alcistas, Graham anima al inversor inteligente a plantearse algunas preguntas simples, de. carácter escéptico. ¿Por qué tienen que ser los rendimientos futuros de las acciones siempre los mismos que los rendimientos que se han obtenido en el pasado cuando todos los inversores aceptan la teoría de que las acciones son una forma garantizada de ganar dinero a largo plazo, ¿no acabará el mercado con unos precios exageradamente elevados? Cuando eso ocurra, ¿cómo va a ser posible que la rentabilidad futura sea elevada? Las respuestas de Graham, como siempre, están asentadas en la lógica y en el sentido común. El valor de cualquier inversión es, y siempre tendrá que ser, una función del precio que se paga por ella. A finales de la década de 1990, la inflación estaba desapareciendo, los beneficios empresariales parecían estar floreciendo y la mayor parte del mundo estaba en paz. Eso no significaba, ni nunca significaría, que fuese interesante comprar acciones a cualquier precio. Como los beneficios que pueden generar las empresas son finitos, el precio que los inversores deberían estar dispuestos a pagar por las acciones también deben ser finitos. Abordemos la cuestión desde esta perspectiva: es muy posible que Michael Jordan haya sido el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, y además atraía a los aficionados al Chicago Stadium como un electroimán gigantesco. Los Chicago Bulls hicieron un fabuloso negocio pagando a Jordan 34 millones de dólares al año para que botase un balón de cuero por una pista de parquet. Sin embargo, eso no significa que los Bulls habrían hecho bien en pagarle 340 millones, o 3.400 millones, o 34.000 millones por temporada. Los límites del optimismo Fijarse en los rendimiento recientes del mercado cuando éstos han sido muy buenos, advierte Graham, conducirá a «la conclusión ilógica y peligrosa de que cabe esperar de las acciones resultados igualmente maravillosos en el futuro». De 1995 a 1999, a medida que el Mercado aumentaba por lo menos un 20% al año, un espectacular crecimiento sin precedentes en la historia estadounidense, los compradores de acciones llegaron a ser cada vez más optimistas:  A mediados de 1998, los inversores encuestados por la Gallup Organization por encargo de la agencia de bolsa Paine Webber 104