Al mismo tiempo, Rusia optó por aumentar el envío de material militar cada vez más
sofisticado y por aportar información de inteligencia a Siria. Pese a las ofensivas de enorme
magnitud del Daesh, el Ejército sirio recuperó gran parte de las posiciones perdidas en pocas
semanas, como la zona fronteriza entre Líbano y Siria.
En noviembre, el ejército sirio con la ayuda de Rusia liberó tras tres años de asedio del Daesh
sobre la base de Kuairis Al día siguiente, las fuerzas aéreas rusas acabaron con 277 objetivos
terroristas en una sucesión de 85 vuelos. A finales de mes, Rusia destruyó 500 camiones
cisterna e incrementó notablemente el número de aeronaves desplazadas, lanzó más de 100
misiles de crucero con base en tierra y aire, cerca de 1400 toneladas de bombas contra el
Daesh y colaboró activamente en el frente de Homs. Tras el derribo de un SU-24M2 a manos
de Turquía, se instalaron sistemas de defensa aéreos S-400 en la base aérea de Jmeimim.
Cifras del Ministerio de Defensa de Rusia en diciembre estimaban que se habrían llevado a
cabo un total de 302 bombardeos contra 1093 objetivos del Daesh. Desde el 30 de
septiembre hasta mediados de diciembre, se registraron unas 4000 salidas desde la base de
Latakia.
En enero, poco antes de comenzar las negociaciones de paz (que no implicaría una
disminución de la fuerza rusa), las fuerzas del régimen respaldadas por Rusia y Hezbollah
entraron en la localidad de Salma. A mediados de mes, tropas rusas, sirias, iraníes y de
Hezbollah se prepararon para recuperar Alepo, utilizando entre otros, robots de guerra
Platform-M y Argo Mobility Platform. Según informes del parlamento europeo, se realizaban
hasta 140 salidas por día, y, mientras desde Rusia realizaban cálculos para aumentarlas, se
empezó a rumorear que Rusia planeaba abrir una nueva base en el noreste de Siria, apenas a
4 km de la frontera turca, en la localidad Al-Qamishli, zona controlada por tropas kurdas.
Rusia envió expertos e ingenieros a esta la zona y también a la destruida base de Kuweiries.
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