Se calcula que en ese momento habría entre 200 y 1.500 efectivos en la base que contaban
con buenas condiciones de vida. El 10 de septiembre Rusia reconocía la existencia de la
presencia de “asesores militares” en el territorio sirio, pero fuentes libanesas confirmaron un
aumento de la presencia militar rusa en la zona. Asimismo, se sabía que unos 1.700 hombres
iban a ser enviados a la base de Tartus para repararla con la intención de aumentar su
capacidad. Durante el mes de septiembre se celebraron nuevos juegos de guerra por parte de
las flotas del Mar Negro.
Además de lo nombrado anteriormente, llegaron a Siria avanzados sistemas antiaéreos
Pantsir-S1 de origen ruso y drones armados cuyo origen era desconocido. Finalmente, Moscú
confirmó el despliegue de militares rusos en el territorio sirio. El 29 de septiembre, el
aeropuerto de la base de Jmeimim fue atacado por los rebeldes, haciendo mella en las
instalaciones. En consecuencia, parte del tráfico ruso tuvo que ser derivado a Homs. Además,
durante éste mes, la prensa siria reportó que el aeropuerto internacional de Damasco estaba
siendo operado por personal ruso y que Putin había enviado una caravana de autobuses y
vehículos rusos y un número no especificado de helicópteros a Hama.
Venta de armamento
A lo largo de 2013, 2014 y 2015 se observó como Rusia había estado suministrando
armamento, sistemas de detección aérea y otros avances tecnológicos a Siria, además de
expertos para entrenar a los militares a usar las armas que el mismo gobierno de Putin les
proporciona.
Inicio ofensiva militar rusa en Siria (30 de Septiembre 2015)
El 28 de septiembre de 2015, Vladimir Putin propuso frente a la ONU formar una coalición
internacional con la ayuda de EE.UU. para luchar contra el Daesh, de la que participaría el
ejército sirio. Como contrapartida, una vez iniciadas las negociaciones, se prepararía la salida
de Bashar al-Asad del poder de una forma ordenada dando paso a una era post-Daesh y postBashar. El 30 de septiembre el senado de Rusia aprobó el ingreso de las fuerzas militares
rusas, exclusivamente aéreas, en el territorio sirio, una vez que Bashar al-Asad había
solicitado ayuda militar a Vladimir Putin para poder hacer frente al Daesh.
Hasta octubre, la ofensiva terrestre se había centrado en varios enclaves, especialmente en
Hama y Aleppo.
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