¿El multiculturalismo amerita ser defendido?
205
indianidad o negridad realmente existentes en el mundo, implica
un fuerte cerramiento político.
Por tanto, me parece relevante considerar al multiculturalismo
de una forma más amplia que no se limite a la “otrerización”
de la diferencia cultural, ni que deje de lado las desigualdades
por estar ensimismado con un culturalismo “otrerizante” y
racializado. Esta concepción maximalista del multiculturalismo
desataría una serie de equivalencias: diferencia cultural =
otros de la nación = otros de la modernidad = no occidentales
= ecólogos por naturaleza = contrahegemonía. La diferencia
cultural amerita ser entendida desde un modelo analítico menos
dicotómico y caricaturizante. La heterogeneidad es un asunto
también del ‘nosotros’ y no solo de los ‘otros’. Esta concepción
maximalista del multiculturalismo se refiere a la apelación a
cómo se percibe, asume e interviene sobre esta heterogeneidad
articulada como cultural.
Para cerrar este aparte, quisiera retomar las categorías ‘cultura
política’ y ‘políticas culturales’ sugeridas hace algunos años
por Arturo Escobar, Sonia Álvarez y Evelina Dagnino (2001).
Por ‘cultura política’ entienden que lo que es considerado como
parte del campo de la política (cómo se define lo político) se
constituye culturalmente. Así, por ejemplo, antes había aspectos
de la sexualidad o de la naturaleza que no eran parte del campo
de la política, pero que con las luchas asociadas al feminismo
y al ambientalismo se han convertido en objetos de la política
y los asuntos políticos. En este sentido, se puede decir que el
multiculturalismo ha implicado transformaciones en la ‘cultura
política’: la ‘cultura’ (o siendo más precisos, la ‘diversidad
cultural’) ha devenido en objeto de disputas y en parte del campo
político. En nombre de la diferencia cultural, se organizan
ciertas movilizaciones, se articulan ciertas reivindicaciones, se
constituyen ciertos sujetos y subjetividades políticas.