Intervenciones en teoría cultural | Seite 206

¿El multiculturalismo amerita ser defendido? 205 indianidad o negridad realmente existentes en el mundo, implica un fuerte cerramiento político. Por tanto, me parece relevante considerar al multiculturalismo de una forma más amplia que no se limite a la “otrerización” de la diferencia cultural, ni que deje de lado las desigualdades por estar ensimismado con un culturalismo “otrerizante” y racializado. Esta concepción maximalista del multiculturalismo desataría una serie de equivalencias: diferencia cultural = otros de la nación = otros de la modernidad = no occidentales = ecólogos por naturaleza = contrahegemonía. La diferencia cultural amerita ser entendida desde un modelo analítico menos dicotómico y caricaturizante. La heterogeneidad es un asunto también del ‘nosotros’ y no solo de los ‘otros’. Esta concepción maximalista del multiculturalismo se refiere a la apelación a cómo se percibe, asume e interviene sobre esta heterogeneidad articulada como cultural. Para cerrar este aparte, quisiera retomar las categorías ‘cultura política’ y ‘políticas culturales’ sugeridas hace algunos años por Arturo Escobar, Sonia Álvarez y Evelina Dagnino (2001). Por ‘cultura política’ entienden que lo que es considerado como parte del campo de la política (cómo se define lo político) se constituye culturalmente. Así, por ejemplo, antes había aspectos de la sexualidad o de la naturaleza que no eran parte del campo de la política, pero que con las luchas asociadas al feminismo y al ambientalismo se han convertido en objetos de la política y los asuntos políticos. En este sentido, se puede decir que el multiculturalismo ha implicado transformaciones en la ‘cultura política’: la ‘cultura’ (o siendo más precisos, la ‘diversidad cultural’) ha devenido en objeto de disputas y en parte del campo político. En nombre de la diferencia cultural, se organizan ciertas movilizaciones, se articulan ciertas reivindicaciones, se constituyen ciertos sujetos y subjetividades políticas.