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Intervenciones en teoría cultural
de la apelación a ideas de raza que constituyen corporalidades
abyectas no se circunscriben a algunos individuos racistas y al
ciberespacio. Cuestionando la extendida narrativa de que “en
Colombia no hay racismo” (que supondría que habitamos una
formación nacional post-racial), múltiples estudios realizados
durante las últimas dos décadas (por ejemplo, Cunin 2003,
Mosquera 2007, Rodríguez et al. 2008, Viveros 2004a, Wade
1997) demuestran cuan afianzadas se encuentran no sólo las
ideas de raza en amplios sectores poblacionales y de la geografía
del país, sino también qué tan hondo calado han adquirido las
prácticas históricas y actuales de discriminación racial.
Las ideas de raza se pueden encontrar, incluso, en los sitios más
insospechados. Así, por ejemplo, en académicos, funcionarios y
activistas que rechazan abiertamente la utilización del término raza
dada su inexistencia como entidad biológica y apelan a nociones
como las de cultura o etnia, no es extraordinario encontrar que
paradójicamente éstas últimas sean articuladas racialmente.
Cuando la cultura, el grupo étnico o la etnia se entienden como
una determinación naturalizada y jerarquizando diferencias
entre las poblaciones humanas, dejando de indicar contingentes
configuraciones históricas, no hacen más que reproducir la
imaginación racial en ropajes culturalistas o etnicistas (Grimson
2008: 51). Ahora bien, dado que la palabra cultura con este tipo
de acepción ha sido apropiada por sectores cada vez más amplios
de la población como periodistas, gestores culturales y gente
de diversos estratos sociales, algunos académicos han referido
a esto como un desplazamiento, de un racismo biológico a un
racismo cultural (Hall [1992] 2010: 386).
Si este análisis es acertado, las marcaciones culturalistas o
etnicistas pueden fácilmente operar como eufemismos de cuerpos
racializados. Esto significa que no basta con apelar al lenguaje de la
cultura, de la etnicidad o de la región para escapar necesariamente