INFILTRACIÓN MUNDIAL - SALVADOR BORREGO E. Infiltración Mundial (Salvador Borrego E.) | Page 180

que los alemanes se confiaran y entretanto comenzar ellos a formar otra red de sabotaje. Aquello era una lucha de ingenio, de técnica y de suspicacia. A su vez los alemanes se percataron de que los ingleses estaban al tanto de lo ocurrido, de que por alguna razón les seguían el juego, y entonces les enviaron un mensaje que decía: "Gracias por las armas que nos han enviado". Los ingleses contestaron: "No tiene importancia; esas armas representan muy poco para nosotros. Es un lujo que podemos permitirnos fácilmente". Ya por otros conductos los aliados y el partido comunista secreto estaban rehaciendo su red de sabotaje-subversión en Francia, que tiempo después se conocería con el nombre de "Resistencia Francesa". En otro sector de la lucha contra el enemigo invisible la Gestapo capturó en el otoño de 1942 a un hombre de negocios apellidado Schmidthuber, cuando intentaba viajar a Suiza. Llevaba divisas extranjeras cuya circulación estaba controlada viéndose en grave peligro confesó sus relaciones con un grupo de judíos. Se averiguó que había estado en relación con Hans von Dohnanyi, consejero del Tribunal del Reich. Esa era una nueva pista que la Gestapo siguió con sumo cuidado para no alertar a los implicados. Respecto a la fuga principal de secretos, el investigador Schellenberg recordaba los recelos de Heydrich respecto u Canaris, y pon su parte añadía los suyos respecto a Gisevius, que se hallaba en Suiza como vicecónsul de Alemania. MOSCÚ RECIBÍA SECRETOS Y PEDÍA MÁS DETALLES. Era junio de 1942. Se esperaba la más grande ofensiva alemana de ese año en el frente soviético. Moscú ya había recibido desde Ginebra, la directiva 41 de Hitler que fijaba los lineamientos generales. No habría ofensiva en el sector norte, de Leningrado; el cual continuaría sitiado por las mismas fuerzas alemanas. No habría ofensiva en el sector central, correspondiente a Moscú. La ofensiva se lanzaría en el sector sur del frente. El esfuerzo principal se dirigiría al Caúcaso con un grupo de ejércitos al mando del mariscal Von List. Y cubriéndole el flanco y la retaguardia, otro grupo de ejércitos alemanes avanzaría hacia el oriente, hacia Voronez, la gran curva del Don y Stalingrado. Saber dónde no piensa atacar el enemigo y dónde sí se propone atacar. Saber, además, de qué fuerzas dispone y hacia que direcciones marchará cada ejército, era para el mando soviético una ayuda inconmensurable. 180