Hitler asumió entonces el mando supremo del ejército y ordenó que no hubiera retirada: " Con este frío y la nieve y las carreteras heladas-dijo- abandonarán primero las armas pesadas y luego las ligeras y finalmente arrojarán los fusiles. Y al final no, quedará nada. ¡ No! Los nudos de comunicaciones y los centros de avituallamiento deben ser defendidos como fortalezas. La tropa ha de clavarse a la tierra, enterrarse y no retroceder ni un solo paso.”
Juzgando esa decisión años después, muchos generales coinciden en que fue un acierto, " uno de los grandes aciertos de Hitler ", afirma el general Tippelskirch. El general Blumentritt agrega: " El encarnizamiento fanático de Hitler, su voluntad irreductible, impuesta a las tropas, de mantenerse en sus posiciones a toda costa, fue sin duda un factor beneficioso ". Una retirada habría sido un desastre, afirma.
Pero en el momento de la crisis Hitler tuvo que imponerse a la opinión de varios estrategos de carrera. La intuición de un cabo esteba superando, de un golpe de vista, los conocimientos de doscientos años de academia.
El general Hoeppner, comandante del 4 º ejército blindado, no era infiltrado, pero recalcaba que Hitler sólo había sido cabo en la primera guerra mundial, y esa desconfianza la cultivaba el Movimiento de lnfiltración, que tres años antes atrajo a Hoeppner temporalmente hacia un plan subversivo. Con los triunfos en diversos frentes Hoeppner cobró confianza en Hitler, pero durante la crisis del invierno volvió a perderla, hizo una retirada sin autorización, se expresó ofensivamente del " cabo " y fue retirado del servicio.
Guderian, comandante del 2 º ejército blindado, se hallaba muy agotado. En su sector se inició un repliegue( él afirma que sin su autorización) y fue relevado del mando.
El sector central del frente se cimbraba a lo largo de setecientos kilómetros barridos por la nieve, el vjento v las poderosas reservas soviéticas que abrían brechas en diversos sitios. Las bestias de carga morían a millares. Los vehículos sin aceite anticongelante quedaban inservibles. Los lentes de los visores de los tanques y de la artillería se cubrían de una capa helada, opaca, que los inutilizaba.
La Luftwaffe llevaba perdidos 2.092 aviones y fuera de servicio por averías 1,361 más. Durante el invierno se esforzaba por acarrear municiones y comestibles a un alto costo.
Una poderosa columna soviética abrió una brecha y se precipitó hacia las espaldas del 9 º ejército alemán, del general Strauss, La avalancha se lanzaba hasta Toropez, donde se hallaba un enorme centro de avituallamiento de las tropas alemanas. El personal de intendencia fue aniquilado y los rojos se apoderaron de víveres suficientes para dar de comer a más de cien mil hombres durante un mes.
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