INFILTRACIÓN MUNDIAL - SALVADOR BORREGO E. Infiltración Mundial (Salvador Borrego E.) | Page 135
fuerzas inglesas, sudanesas, neozelandesas, australianas y canadienses. Los
aliados recibían una corriente ininterrumpida de pertrechos que enviaba
Roosevelt.
Aquellas 63 divisiones alemanas no podían ser llevadas a la URSS. De haberlo
podido hacer tiempo antes, habrían liquidado fácilmente al Ejército Rojo.
Un 15 % más en las fuerzas que iban hacia Moscú hubiera bastado para tomar la
capital, pese a todas las dificultades. Y las 63 divisiones inmovilizadas en Europa
occidental representaban un 190%. Esas divisiones no podían ser trasladadas a la
URSS porque la Gran Bretaña continuaba en guerra y porque Roosevelt venía
realizando una guerra no declarada contra Alemania, y el 7 de diciembre la
convirtió prácticamente en guerra abierta. Mediante la maniobra de dejar a Pearl
Harbor como cebo, a la vez que provocaba al Japón, atrajo un ataque de los
japoneses. Y basándose en ese ataque Roosevelt declaró: "Aunque Alemania e
Italia no han hecho declaración de guerra, se consideran en estos momentos
tan en guerra con los Estados Unidos como puedan estarlo con Inglaterra y
Rusia".
Hitler repuso: "Roosevelt incita a las naciones a la guerra, luego falsifica sus
causas y, cubierto con un manto de hipocresía cristiana, conduce lenta y
seguramente a la humanidad a la guerra, no sin poner a Dios por testigo de
la pureza de sus intenciones, como buen francmasón que esEsto no debe
sorprendernos si pensamos que los hombres cuyo apoyo buscó Roosevelt,
o más exactamente, los que lo llevaron al poder, pertenecen al medio judío,
cuyos intereses se basan en el desorden, la disgregación y la inversión de
los valores El New Deal es sostenido por su camarilla judíaToda ella
puso su bajeza diabólica al servicio suyo y Roosevelt le dio la mano".
Mientras tanto, la ofensiva soviética parecía incontenible. El frente alemán en la
URSS se hallaba casi fuera de equilibrio.
CRISIS EN EL ALTO MANDO ALEMAN.
El general Brauchitsch, comandante del ejército, había recorrido el frente y estaba
deprimido y enfermo. No veía ninguna solución y pidió ser relevado. Tiempo antes
había distraído parte de su tiempo en conferencias con los conspiradores y en
planes para derrocar a Hitler.
El general Franz Halder, jefe del Estado Mayor General, había tenido una
actuación parecida a la de Brauchitsch y también estaba deprimido. Aconsejó una
retirada general, profunda, de por lo menos quinientos kilómetros. Halder, de altos
estudios, estrictamente lógico, veía en Hitler a un "cabo intuitivo" que se perdía
en "especulaciones metafísicas". Hitler veía en Halder a un hombre conocedor
de muchos detalles, pero sin fe y sin carácter. Entre ambos se estableció un largo
forcejeo.
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