Identidades No 5, Abril, 2015 | Page 134

efectos de los acuerdos que se logren y por la presión mediática que han sabido manejar los protagonistas en cada caso. El segundo elemento es la voluntad de participación para llegar a un acuerdo, que se refiere a la disposición de dos o más interlocutores en reconocer que, además de su propio argumento, puede y de hecho suele haber otros argumentos igualmente válidos. Así comprendido, no hay una última palabra, sino que el acuerdo se construye con base en el consenso racional. Este elemento es de mayor complejidad, pues la ambición por el poder ha convertido a muchos mandatarios de América en fieles representantes de la tiranía y la soberbia, los cuales limitan las libertades de su gente a través de la imposición de órdenes que generalmente atentan contra la dignidad humana. Cuando hay verdadera voluntad de atender y entender a la contraparte, el diálogo toma un rumbo efectivo hacia la solución de problemas de cualquier envergadura. Es así como la buena disposición para el diálogo ha permitido a Colombia, Cuba y Estados Unidos avanzar en la solución de conflictos que aquejaron durante décadas. En el caso de los diálogos de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC, el mérito no reposa únicamente en la voluntad de las partes para avanzar en cada uno de los puntos de la agenda, sino que también debe reconocerse la invitación e inclusión que ha propuesto el gobierno de Santos a muchos sectores, entre ellos los opositores al proceso, para conformar una Comisión Asesora de Paz, a través de la cual se pueda examinar y debatir las diferencias que se alzan frente a los diálogos en La Habana. El expresidente de Colombia y actual Senador de la República, Álvaro Uribe, líder de la oposición al proceso, es una de las pocas personalidades que falta por adherirse. Aunque fue invitado a conformar la mencionada comisión por el Procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez, también opositor al proceso y adherente a la propuesta, respondió con algunos argumentos y críticas sin expresar si acepta o no su participación en la iniciativa del gobierno. La voluntad para dialogar hace presencia en la mesa de negociación de La Habana y para muchos es cuestión de tiempo entender que omitir la conversación es prolongar la llegada de la paz y la reconciliación. Asimismo, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, de entrada, trae consigo un gran avance: el derrumbe de la narrativa del enemigo externo, que había sostenido durante décadas el régimen oficialista cubano frente al gobierno norteamericano. De esta forma, así como surgió la voluntad entre estos dos gobiernos de dialogar para llegar a una serie de acuerdos, entre ellos la posibilidad de levantar el bloqueo comercial, económico y financiero, se espera que la noble acción de conversar y debatir temas de carácter económico, político y social persista tanto en ese escenario como entre los grupos de oposición cubanos, pues la coyuntura actual brinda la gran oportunidad de poder emerger como verdadera alternativa democrática, que articulando la comunidad internacional y la sociedad cubana en general introduzca profundos cambios en el país, sobre todo en el ámbito de las libertades. Retomando el caso de Venezuela, a mediados de marzo Maduro anunció: “Yo tiendo una mano al gobierno de los Estados Unidos para que avancemos juntos en diálogos francos y busquemos una solución sobre la base del derecho internacional, el respeto mutuo, para que se subsane este grave problema que se ha creado”. Esta ha sido una de las pocas oportunidades en que ha demostrado tener la disposición de conversar con Obama para intentar mejorar la crítica relación entre sus gobiernos. Sin embargo, Ma- 134