y contundentes en Cuba: a partir de
1990 se desencadena la crisis económica denominada “Periodo Especial en
Tiempos de Paz”.
Aunque se dio respuesta con un complejo proceso de cambios para tratar de
reconstruir la viabilidad económica del
proceso socialista cubano, las difíciles
circunstancias de la vida cotidiana derivaron hacia una realidad dura e inestable, con largos cortes de electricidad,
reducción del transporte público, precariedad del abastecimiento de alimentos
y medicinas, y carencias difíciles de
asimilar. El cubano, a pesar de su infortunio, encontró innovaciones y humor
que fueron expresados con el mismo
choteo e irreverencia que se han mantenido vivos y vigentes como parte de una
idiosincrasia que trata de articular una
respuesta a los problemas.
La historiografía del arte cubano, ante la
complejidad del proceso de las artes
plásticas, ha padecido la tendencia de
interpretar sobre la base de una valoración dicotómica en décadas estrictas.
Los especialistas, ante la necesidad de
explicar el fenómeno, imponen a priori
barreras temporales en un momento en
que aún no había terminado de germinar
el espectro.
Esta incertidumbre cundió entre los
propios artistas; el epígono personificado de esa etapa, en cambio, sus rasgos
definitorios y comparaciones valorativas, se convertía en una etiqueta confusa con respecto al final de una época y
el comienzo de otra.Toda una época se
dispersó antes de 1991. Ante el distanciamiento o la ruptura con el medio
artístico de estas promociones, las autoridades culturales no se lamentaron demasiado. En definitiva se habían identificado por un arte a la vez sucio y cerebral, político, vernáculo y parlanchín,
que se ubicaba en medio de una dramática paradoja: La Habana oscura por los
cortes de energ :