Identidades No 5, Abril, 2015 | Page 124

y contundentes en Cuba: a partir de 1990 se desencadena la crisis económica denominada “Periodo Especial en Tiempos de Paz”. Aunque se dio respuesta con un complejo proceso de cambios para tratar de reconstruir la viabilidad económica del proceso socialista cubano, las difíciles circunstancias de la vida cotidiana derivaron hacia una realidad dura e inestable, con largos cortes de electricidad, reducción del transporte público, precariedad del abastecimiento de alimentos y medicinas, y carencias difíciles de asimilar. El cubano, a pesar de su infortunio, encontró innovaciones y humor que fueron expresados con el mismo choteo e irreverencia que se han mantenido vivos y vigentes como parte de una idiosincrasia que trata de articular una respuesta a los problemas. La historiografía del arte cubano, ante la complejidad del proceso de las artes plásticas, ha padecido la tendencia de interpretar sobre la base de una valoración dicotómica en décadas estrictas. Los especialistas, ante la necesidad de explicar el fenómeno, imponen a priori barreras temporales en un momento en que aún no había terminado de germinar el espectro. Esta incertidumbre cundió entre los propios artistas; el epígono personificado de esa etapa, en cambio, sus rasgos definitorios y comparaciones valorativas, se convertía en una etiqueta confusa con respecto al final de una época y el comienzo de otra.Toda una época se dispersó antes de 1991. Ante el distanciamiento o la ruptura con el medio artístico de estas promociones, las autoridades culturales no se lamentaron demasiado. En definitiva se habían identificado por un arte a la vez sucio y cerebral, político, vernáculo y parlanchín, que se ubicaba en medio de una dramática paradoja: La Habana oscura por los cortes de energ :