Contradiciendo el mito, sus piezas están
pobladas de mujeres, pero estos sitios
son oscuros, lugares del deseo de encontrarse y de la imposibilidad de la
revelación.
El imaginario iconográfico de Lázaro
Saavedra lo sitúa como mensajero de
los cambios que se producen en el ámbito de lo popular, códigos de conducta,
estilos de vida, formas de pensar y, sobre todo, donde se gesta lo urbano y lo
vernáculo. Revela las fuertes corrientes
ideológicas que laten en el contexto,
unas veces hirientes y preocupantes. El
humor sostiene lo popular, los mensajes, los estados de opinión, la ingeniosidad y la gracia expresiva del cubano de
a pie: desprejuiciado, sin retórica, directo, curioso, sin aura, como contraparte
de un enorme poder de reflexión, discernimiento y conceptualización, sobre
todo con irreverencia ante el ídolo de la
norma petrificada.
En febrero de 1993, el CDVA expuso
"Las Metáforas del Templo" como primer esfuerzo trascendente de los nuevos
artistas para poner sobre el tapete la
posible existencia de una "generación"
de los noventa. La exposición se organizó e inauguró con once estudiantes
del ISA y de ella se conserva sólo el
único catalogo, en papel de mala calidad, que muestra el extraordinario esfuerzo de los organizadores y participantes en medio de la crisis.
Reconocida como el último reducto de
la utopía y el inicio de un nuevo giro en
el discurso artístico del arte cubano contemporáneo, esta exposición contó con
los propios artistas plásticos expositores
como curadores: Esterio Segura y Carlos Garaicoa. Este último dejó sentado
en las palabras al catálogo que “la metáfora del espejo reubica el sentido recto
de lo irreal…, tomando como indicador;
lo aparente, lo figurado, lo simulado
que es el hijo posmoderno del “cinismo”; tácticas productivas y recursos
para construir realidades en el arte y
Magdalena Campos Pons. Patria una
trampa. Video performance
La obra Magdalena Campos Pons se
mueve en las coordenadas conceptuales
que permiten un análisis en tanto hecho
factual distanciado del panfleto antirracista. Una zona considerable de su producción plástica es el abordaje de la
problemática racial, como discurso visceral y definido en tanto poética global,
además de asumirlo desde la impronta
de una perspectiva femenina, alusiva y
evocativa de términos como trata, tráfico, trampa, transculturación; un texto
grafico-visual de todos los padecimientos de la diáspora africana en tierras
americanas, evento de la historia humana con más trayectorias inconclusas,
con más deudas que saldar, con más
heridas sin curar, con más silencios
cómplices de los productores de discursos.
La obra gráfica de Belkis Ayón, asoma
desde esa Bienal. La autora transgredió,
desde el arte y en blanco y negro, la
cosmogonía y la ritualidad esotéricas de
una cofradía exclusiva de hombres: los
ñáñigos o abakuás, que vinieron a Cuba
con los esclavos procedentes del Calabar. Sus metáforas y analogías se construyen desde la representación de dualidades: el blanco y el negro, la calma y
el caos, las luces y las sombras. Desde
su propia iconografía, Belkis sincretizó
su mirada sobre el género femenino, el
silencio de la mujer omitida, obligada a
callar (no tienen boca), que se comunican entre sí y con el mundo a través de
sus cuerpos de una identidad simbólica.
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