Identidades No 5, Abril, 2015 | Page 125

Contradiciendo el mito, sus piezas están pobladas de mujeres, pero estos sitios son oscuros, lugares del deseo de encontrarse y de la imposibilidad de la revelación. El imaginario iconográfico de Lázaro Saavedra lo sitúa como mensajero de los cambios que se producen en el ámbito de lo popular, códigos de conducta, estilos de vida, formas de pensar y, sobre todo, donde se gesta lo urbano y lo vernáculo. Revela las fuertes corrientes ideológicas que laten en el contexto, unas veces hirientes y preocupantes. El humor sostiene lo popular, los mensajes, los estados de opinión, la ingeniosidad y la gracia expresiva del cubano de a pie: desprejuiciado, sin retórica, directo, curioso, sin aura, como contraparte de un enorme poder de reflexión, discernimiento y conceptualización, sobre todo con irreverencia ante el ídolo de la norma petrificada. En febrero de 1993, el CDVA expuso "Las Metáforas del Templo" como primer esfuerzo trascendente de los nuevos artistas para poner sobre el tapete la posible existencia de una "generación" de los noventa. La exposición se organizó e inauguró con once estudiantes del ISA y de ella se conserva sólo el único catalogo, en papel de mala calidad, que muestra el extraordinario esfuerzo de los organizadores y participantes en medio de la crisis. Reconocida como el último reducto de la utopía y el inicio de un nuevo giro en el discurso artístico del arte cubano contemporáneo, esta exposición contó con los propios artistas plásticos expositores como curadores: Esterio Segura y Carlos Garaicoa. Este último dejó sentado en las palabras al catálogo que “la metáfora del espejo reubica el sentido recto de lo irreal…, tomando como indicador; lo aparente, lo figurado, lo simulado que es el hijo posmoderno del “cinismo”; tácticas productivas y recursos para construir realidades en el arte y Magdalena Campos Pons. Patria una trampa. Video performance La obra Magdalena Campos Pons se mueve en las coordenadas conceptuales que permiten un análisis en tanto hecho factual distanciado del panfleto antirracista. Una zona considerable de su producción plástica es el abordaje de la problemática racial, como discurso visceral y definido en tanto poética global, además de asumirlo desde la impronta de una perspectiva femenina, alusiva y evocativa de términos como trata, tráfico, trampa, transculturación; un texto grafico-visual de todos los padecimientos de la diáspora africana en tierras americanas, evento de la historia humana con más trayectorias inconclusas, con más deudas que saldar, con más heridas sin curar, con más silencios cómplices de los productores de discursos. La obra gráfica de Belkis Ayón, asoma desde esa Bienal. La autora transgredió, desde el arte y en blanco y negro, la cosmogonía y la ritualidad esotéricas de una cofradía exclusiva de hombres: los ñáñigos o abakuás, que vinieron a Cuba con los esclavos procedentes del Calabar. Sus metáforas y analogías se construyen desde la representación de dualidades: el blanco y el negro, la calma y el caos, las luces y las sombras. Desde su propia iconografía, Belkis sincretizó su mirada sobre el género femenino, el silencio de la mujer omitida, obligada a callar (no tienen boca), que se comunican entre sí y con el mundo a través de sus cuerpos de una identidad simbólica. 125