Identidades No 5, Abril, 2015 | Page 114
den los significados y se rompe, en términos de Halbwachs, todo vínculo social.
Así, al dejar de comunicarse saberes, se
desestructuran de los marcos sociales de
la memoria que permiten organizar los
recuerdos y éstos caen en el olvido. En
el caso del silencio impuesto desde el
Estado-nación, la violencia se complejiza por su relación asimétrica con los
afroargentinos. Su deliberada ausencia
en censos, mapas y museos fue la punta
del iceberg de la estrategia para borrar
un pasado comprometedor y un presente
desestimado por indeseable.
Si bien el culto a san Baltazar es público y uno de los más populares en la
religiosidad popular litoraleña, sus prácticas musicales se ciñen a unos pocos
días al año, con la desconsideración del
establishment local como culto “de pobres, de última” y la desatención que
aún padece el Litoral respecto a otras
regiones de cara a la identidad nacional.
Así se torna irrelevante a la hora de
sopesar la afroargentinidad.
Otro uso social del silencio, la autoimposición, implica la necesidad de apartarse de la exposición pública y se dio
con más fuerza en los afroporteños,
quienes mantienen —aunque cada vez
con menor intensidad— un pacto intra-
comunitario de silencio labrado por sus
mayores a fines del siglo XIX. El epígrafe del comienzo de este artículo
apunta en esa dirección, así como la
máxima familiar afroporteña Ver, oír y
callar.
Ellos testimonian la tensión vivida puertas adentro no solo con respecto a qué
podía trascender, sino también, y mucho
más sugestivo, al deseo de que ese saber
no fuera aprendido por los niños, porque resultaría inoperante y hasta contraproducente en un país con sistema de
promoción basado en la blanquedad.
“De eso no se habla” es otro modo de
expresarlo que documenté entre los
afrosantafesinos.
A primera vista, parecería que el silencio autoimpuesto terminó haciendo el
juego al impuesto por el establishment.
Sin embargo, una evaluación desde el
presente permite comprender que fue
redituable: se logró mantener algunas
instituciones ancestrales, como la música, y de unos años a esta parte, cuando
las circunstancias contextuales (inter)nacionales comenzaron a ser favorables, instrumentaron políticas positivas
de cara a su visibilización, con interpelación al Estado y búsqueda de reconocimiento en la esfera ciudadana.
Debut del grupo Bum Ke Bum, de la Asociación Misibamba, en EXPOUBA 2010,
Predio Ferial de Buenos Aires, 2010 © Pablo Cirio
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