Identidades No 5, Abril, 2015 | Page 115

¡Y al olvido, condena! Ese era el lema del conjunto de candombe porteño Bakongo, creado en 2006. Con él solían cerrar sus espectáculos, como arenga militante. Disuelto a mediados de 2010, Bakongo fue emblemático para el reposicionamiento afroporteño, como primer conjunto de música afroargentina integrado, básicamente, por afroargentinos del tronco colonial que reivindicaron esta cultura. Su debut en 2007 fue un punto de inflexión con respecto a esta presencia en la arena pública (Cirio 2009a) y su ejemplo sirvió de inspiración a otros grupos que surgieron n las provincias de Buenos Aires (Comparsa Negros Argentinos y Bum Ke Bum, de la Asociación Misibamba), Entre Ríos (Tambores del Litoral, de Pablo Suárez) y Santa Fe (Balikumba, de la Casa de la Cultura Indo-Afro-Americana “Mario Luis López”). Así se inició una nueva etapa de visibilización, que procuró retomar o, mejor dicho, iniciar un diálogo con la sociedad envolvente y el Estado-nación, imprescindible para su reposicionamiento. En esta línea, las actividades de la Asociación Misibamba vienen siendo decisivas. Por ejemplo, el 6 de enero de 2012, por primera vez en la historia, los afroargentinos hicieron una protesta, en la emblemática Casa Suiza ante su inminente demolición. Con la ayuda de vecinos y de la Asociación Basta de Demoler se logró un recurso de amparo para que la autoridad competente revisara la autorización de demolición, en virtud del valor patrimonial material e inmaterial del último edificio de la ciudad directamente vinculado a la cultura afroporteña9. He procurado dar cuenta de la música afroargentina atendiendo a su dimensión de ausencia, de silencio y de vacío documental en una musicología que privilegió atender la necesidad de una identidad nacional homogénea, promovida por un Estado deseoso de una nación “blanca”. Es preciso comprender sus tradiciones de manera holística, incluyendo a las minorías étnicas y a los adversarios locales del proyecto racial eurocentrado. Por lo expuesto, la música afroargentina nunca estuvo ausente ni permaneció jamás en silencio. El vacío de información se debió menos a su inexistencia que a nociones apriorísticas convertidas en prejuicios por investigadores qu e desestimaron obrar con oficio y construyeron una historia incompleta. Cuando ya nadie se interesaba por ellos, cuando eran condenados, sin más, al pasado y al olvido social; cuando la academia sentenciaba de modo tan implacable como contundente que no se sabe nada de su música, porque desapareció con ellos a fines del siglo XIX, los afroargentinos demostraron tener una carta más que jugar: su capacidad de agencia, entrando a escena y exclamando como escribió la afrosantafecina Lucía Molina en 1998; “¡Aquí nos trajeron! / ¡Aquí nos quedamos! / ¡Y ahora… AQUÍ ESTAMOS / luchando por nuestros derechos!”10. Por supuesto que haciendo tronar sus tambores para acallar al silencio. 115