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corrupción de la Década Infame (Rouquié: 1998, 9; Romero: 2012, 109; Torre: 2002, 17). Tenían intención de romper relaciones con el Eje y abanderarse con el anticomunismo y el catolicismo. La Revolución de 1943 posibilitó a Perón, coordinador del GOU, ocupar temporalmente su primer cargo público: Ministro de Guerra, que sería el trampolín para su ascenso. Con la represión propia de todo régimen militar sobrevino también cierto acercamiento a las masas. El 27 de noviembre de 1943, el Departamento Nacional del Trabajo se convirtió en Secretaría de Trabajo y Previsión con Perón como titular, quien comenzó a forjar una relación particular con el movimiento obrero que cambiaría para siempre la historia argentina (Rouquié: 1998, 25, 32; Romero: 2012, 114; Torre: 2002, 25, 27). Tras la ruptura de relaciones con el Eje, Perón fue designado primero Ministro de Guerra y Vicepresidente después, con retención de ambos cargos precedentes. Así llegó a la cumbre del poder y era el alma del gobierno (Romero: 2012, 113; Torre: 2002, 24). La posguerra en Europa alentó la salida a regímenes democráticos y Perón vislumbró la vía electoral como posibilidad política. Desde 1944 había encauzado su política social. con múltiples medidas a favor de los obreros, como el Estatuto del Peón, para gestar tanto la doctrina que se denominaría justicialismo como la resistencia de los sectores económicos más poderosos (Rapoport: 2010, 134-135). La presión por salir a la democracia crecía y el gobierno fue tildado de nazi-fascista. Los opositores encontraron referente en el embajador norteamericano Spruille Braden y mostraron su descontento en la exitosa movilización de entre 200 mil a 250 mil personas el 19 de septiembre de 1945 (Rapoport: 2010, 137; Torre: 2002, 30). La respuesta del gobierno incrementó la tensión y el 9 de octubre Perón renunció. Al día siguiente pronunció un discurso de aliento a sus humildes seguidores, pero el 13 de octubre fue detenido y deportado a la isla Martín García, como Yrigoyen quince años atrás. Para entonces, Perón ya era un mártir. El 17 de octubre, los dirigentes sindicales y otros convocaron a la huelga general y a marchar sobre la ciudad de Buenos Aires en manifestación obrera resuelta a defender sus conquistas derivadas de la política social del gobierno militar y a exigir la liberación de su líder (Rapoport y Seoane: 2007, 515, 665). El cálculo peronista estima que marcharon 500 mil personas y al final Perón apareció en la Plaza de Mayo para largar discurso más enjundioso que aquel de la semana pasada (Rapoport: 2010, 137138). Esta jornada contra el anti-peronismo demostró que el establishment ya no tenía poder. Peronismo, pobreza y negritud Así, en la manifestación multitudinaria sin precedentes del 17 de octubre de 1945, nació el peronismo y se abrió una nueva etapa, decisiva en la historia argentina, que marcó el pacto fundador entre el líder y el pueblo. Desde allí toda concentración popular masiva surtió efecto de legitimación plebiscitaria del régimen naciente (Torre: 2002, 33). El peronismo nació para escarmiento de quienes calificaron la jornada como gesto de barbarie en que miles de descamisados que, desde diversas partes del Gran Buenos Aires, llegaron hasta la Plaza de Mayo con la marca de identidad peronista de bombos y cánticos populares (Solomianski: 2003, 256). Los enemigos de este movimiento en ciernes no vieron una fiesta popular, sino un retrato de la barbarie presta a conmover el status quo. Y la palabra negro afloró en este contexto para referirse a esos sectores populares al volverse su presencia muy visible en la Ciudad de Buenos Aires. 85