IDENTIDADES 1 ESPAÑOL IDENTIDADES 9 ESPAÑOL | Page 77
sufridos. En perspectiva hermenéutica, la
violencia pudo haber sido vivida como
reactivación sensorial y emocional del dolor
antiguo de los ancestros, que también
fueron detenidos-desaparecidos del África y
de la Historia.
Entre
las
primeras
expresiones
documentadas de los afroporteños está que
se reconocen como “los primeros
desaparecidos de la historia” y una de las
entrevistadas afirmó que sus ancestros
habían sido “secuestrados del África”. Los
términos desaparecidos y secuestrados
traen carga de violencia excesiva, sobre
todo porque la propia existencia de la
testigo probaba su inexactitud. Entonces la
corporalidad de ella se desplazó en
coordenadas de tiempo y espacio al
momento bisagra de su existencia: “Es que
fui secuestrada de África”.
Así se reveló la crudeza de la trata en la
perspectiva de sus víctimas y esto me
motivó a estudiar el tema a contrapelo de la
historiografía oficial. Necesitaba la voz y la
piel, el dolor de la vida y de la muerte
narrada desde lo vivencial, lo sensorial y,
desde ya, lo esencial en su ethos, lo
musical. Orfilia Montero no llegó a
expresarlo directamente, pero así creo
haberlo entendido. La experiencia extrema
de hallarse secuestrada, maniatada, vendada
y rodeada de armas y voces extrañas, ajenas
y agresivas, rememoró en su corporalidad
aquella experiencia de sus ancestros
cargados en barcos negreros para ya no
regresar, sin saber por qué ni para qué ni a
dónde. A esta altura de la antropología
podemos prescindir del positivismo. Vi sus
ojos brillar de ausencia y sentí cómo sus
palabras eran cada vez más susurrantes ante
el miedo de las antiguas orejas delat oras y
cómo sus manos jugueteaban nerviosas.
Acaso llenaba de este modo el vacío que
ocuparía el rostro de su hija Mirta, a quien
nunca más halló. Incluso me molesta
enmarcar aquella performance como
entrevista y prefiero entenderla como
conversación en momento especial con
amistad labrada por años. Fue difícil
hacerme la idea de lo que expresaba y más
difícil para ella verbalizar aquella
experiencia tan extrema, que trascendió lo
personal al cobrarle la desaparición de una
hija que no se cansó de esperar. Así se fue
de este mundo.
Si el secuestro y la desaparición por los
militares argentinos puede parangonarse a
la sangría del África en los siglos XVI al
XIX, el trabajo forzoso que muchos
detenidos realizaron es otro puente de
sentido compartido. Así lo expresó Ramón
Camilo Juárez sobre su madre, Alicia País,
en su cautiverio en ESMA:
“Acá el día del encuentro este de
afrodescendientes se comentaba el tema de
las cadenas que tenían acá, de los grilletes
que llevaban en los pies y como eso
ancestralmente les provocaba en el cuerpo
una sensación de empatía con ese dolor de
los detenidos-desaparecidos […]. Algunos
de ellos, que sobrevivieron aquí, estuvieron
varios años haciendo trabajo esclavo porque
vos estabas engrillado, tabicado, en un
compartimento de 1 metro por 70
centímetros, eh… eras sacado a trabajar 8
horas sin cobrar ningún sueldo, trabajo
esclavo y devuelto a ese lugar con una
comida por día […]. Acá también eran un
número”.
Este comentario es profundo porque, como
sucede en la historia oral, no sólo se narran
hechos, sino que también se testimonia su
fábrica conceptual, las interpretaciones que
pudieron haber tenido acorde al narrador
que vivió las experiencias relevantes y el
sentido actual que da al pasado (Jelin 2002,
Guglielmucci 2013). Camilo comienza
refiriéndose a un evento que, como afroargentino, empleado de Espacio Memoria y
Derechos Humanos, compartió siendo
víctima de la violencia de Estado con
personas afines, pues su familia (madre,
hermano, tía, abuelos paternos, hermanastro
y madrastra) quedó atravesada por aquella
violencia.
La certeza de equivalencia entre las remotas
cadenas de la esclavitud y las cadenas
recientes de su madre, porque detenida
estaba forzada a trabajar, remite a la
experiencia corporal como espacio viviente
de saberes y memorias. Podría pensarse en
una conciencia transpersonal que aflora en
situaciones de extrema violencia.
Así creo entender el caso de Carmen
Platero, quien para defenderse de la
inminente entrada de los policías en su casa
de Tandil protegió a sus pequeños hijos
revoleando una cadena y cifrando a su
familia como una manada de leones para
expresar lo indomable de su estirpe afro-
76