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Roquis o Roquiño), quien se consideraba su compañero de lealtad. La noche del 5 de abril de 1978, fuerzas de civil fuertemente armadas lo secuestraron en la casilla de un compañero de trabajo y en la madrugada siguiente fue asesinado en enfrentamiento simulado en el Barrio de Almagro). Según la partida de defunción tenía “heridas de bala de cráneo, tórax y abdomen”. Unos restos fueron presentados como suyos y reconocidos por la familia, pero el caso sigue abierto. La justicia sigue aferrada a la clasificación de enfrentamiento con la policía y no de víctima de terrorismo de Estado, como reclaman sus familiares. La causa sigue abierta en CONADEP y en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos (N° 157.298/06). G. Asesinato G1. Nilda Noemí Elías. Santa Fe (Santa Fe), 16-ene-1947 - Santa Fe (Santa Fe), 11abr-1975. Fuentes orales: TC SF 7. Entrevista a su madre Otilia Acuña de Elías (91), Santa Fe (Santa Fe), 14-may-2013. Fuentes escritas: No. Vivía en Santa Rosa de Lima, barrio periférico de Santa Fe con alta población afro, y era maestra parroquial. Ayudaba en tareas como instalar agua corriente y asfaltar las calles. Fue activista de la Juventud Peronista, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el Movimiento Villero Peronista (MVP) y Montoneros. Estaba casada con Luis Silva y tuvo tres hijos: Marcelo, Valeria Mariana y Nicolás Ernesto. Ambos hicieron una cooperativa barrial para fabricar ladrillos y colaboraban en la publicación parroquial El Dominguero. Migraron a Buenos Aires y dejaron a sus hijos con la madre de Nilda, Otilia Acuña de Elías. En 1975 ella regresó para festejar el cumpleaños del primogénito. El 11 de abril estaba en su casa materna y fue asesinada por un grupo de “fuerzas de seguridad” al mando del coronel Rolón. Por este hecho Otilia es Madre de Plaza de Mayo. Aprendió a leer a los 80 años de edad y tiene en su hogar una escuela para adultos que lleva el nombre de su hija. Quizá Nilda aparece de niña en la película Tire dié (Fernando Birri, 1960), filmada en aquel barrio, y el cortometraje La casa del al lado, de un cineasta santafesino sin identificar, aborda el caso. Visión general Este corpus de 19 casos de afro-argentinos víctimas del terrorismo de Estado habilita cierta evaluación preliminar para fijar parámetros generales, problemáticas compartidas y analizar en qué medida su pertenencia afro incidió, al menos indirectamente, ya que en ningún caso fue el móvil persecutorio, aunque se puede interpretar como acto de intimidación la balacera anónima de 1973 contra el Instituto Religioso de Cultura Superior (Buenos Aires), luego de que Carmen Platero y su hermana escribieran la obra teatral Calunga Andumba. Según el testimonio de la primera: “Después de muchos años, te diría que ayer, por decirte simbólicamente algo, yo llegué a la conclusión de que nosotros con Susana hicimos con nuestro trabajo un acto revolucionario y nos metimos en camisa de once varas, porque desenterramos un tema del que nadie quería hablar y lo compruebo hoy todos los días, porque a mí se me niega constantemente un montón de cosas que no te voy a contar, pero a mí, a los 80 años que tengo, no me escuchan nuestras instituciones y se hacen los sordos, miran para otro lado cuando yo pido algo para hacer sobre esto”. Hasta hoy se sostiene algo que parece ausente: la cultura afro-argentina está relegada a la mayor intrascendencia. Los propios gobernantes no logran articular una propuesta inclusiva coherente, sino acciones aisladas de poco o nulo impacto y beneficio social. Apenas superan la buena intención o se reducen a actos anodinos. En la segunda detención de Adriana Izquierdo y su hermana Graciela, su fenotipo afro fue suficiente para secuestrarlas ante el arribo del turismo por el Mundial de Fútbol: la ciudad debería parecerse lo más posible a Europa. Así se retomaron los viejos ideales de la república blanca del siglo XIX. Adriana concluye que “el color pesó mucho en la dictadura y era por lo que, realmente, en ese tiempo nuestra historia afro quiso ser ocultada y decir que en la Argentina no existíamos”. En esta línea puede leerse, sutilmente, la pertenencia biológica/cultural de las víctimas sobre su accionar inmediato antes o después de la violencia de Estado 75