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argentina, que por todos los medios posibles el Estado, la intelectualidad europeizante y los sectores hegemónicos trataron de olvidar y desterrar. Los afro-Ellos han transitado un extenso, doloroso y siempre solitario camino. Así han desarrollado una excelente capacidad de resiliencia. La prueba irrefutable es que, siendo contemporáneos, mantienen prácticas culturales distintivas y la memoria del despojo. La necesidad de sobrevivir biológica y culturalmente llevó a adoptar estrategias sui géneris, como ejemplifica Camilo Juárez. Aficionado, como todo niño, a las películas de vaqueros e indios, su padre lo vio disfrazado de cowboy en carnaval y aleccionó: “De cowboy no, tienes que ver siempre el lado de la visión del indio”. Entre los casos sin ahondar en fuentes primarias está José Raúl Díaz, alias Sugus. Este sobrenombre proviene de una conocida marca de caramelos masticables cuyo logo es la cara de un niño negro. Entre lo escasa información que circula se sabe que tenía amplio gusto por la música académica, al punto de sorprender a su compañero Daniel Cecchini, también melómano, con el LP Missa Luba. Esta misa fue compuesta, en estilo tradicional del Congo, por el padre Guido Haazen. La primera grabación (Les Troubadours du Roi Baudouin, 1958) cobró rápida popularidad. En Buenos Aires tuvo una edición propia (Missa Luba del Congo, Philips, 1965), pero Daniel recuerda que José Raúl tenía la edición venezolana, con portada de negros dibujados como en el logo de Sugus. Quizá esta anécdota sea trivial, pero es sintomático que, como afroargentino, José Raúl se sintió interpelado por la clave etnocultural del disco, que contiene cantos del folclore luba y canciones infantiles de los baluba. Así lo recuerda Daniel: “Y en otra ocasión —en un departamento frente a Plaza Italia, la de La Plata, a principios de 1975—, el que ahora escribe, pero que por entonces no soñaba con escribir, lo vio aparecer con un vinilo lleno de africanos en la tapa, que sonreían con dientes muy blancos, pero menos blancos que los de Muñeco. Al mostrarlo como un trofeo, dijo: –¡Escucha esto, hermanito! [No dijo hermanito, dijo un nombre, pero sonaba como si dijera: hermanito, hermano; eso que se siente pero no se puede describir]. –¿Qué es? –preguntó el que ahora escribe. –¡La Misa Luba del Congo! ¡Es genial!, gritaron los dientes blancos de Muñeco. Silencio atónito, ideológicamente correcto —la religión es el opio de los pueblos— y casi descalificador del que ahora escribe, y la pregunta le salió como un latigazo de recriminación: –¡¿Una misa?! ¡¿Quieres que escuchemos una misa?! Y la respuesta de Muñeco, del Negro, de Sugus: –¡Vos escuchá!” (Cecchini 2012). Breviario Gráfico Orfilia Rivero. Foto Pablo Aníbal Juan Carlos Garay. Cirio Foto Pablo Cirio 77 Adriana Izquierdo. Foto Pablo Cirio