iniquidad, la rebeldía y el pecado; ningún modo tendrá por inocente al malvado, que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta descendencia. Desde el mismo instante en que se rompió la relación con Dios, el pueblo se olvidó del dador de la vida y en su lugar pusieron a hombres y doctrinas para atribuirles la gloria y la honra que solo pertenece a Dios. La iglesia se vio amenazada y quedó en silencio total, que hizo sacar a la luz el verdadero rostro del dragón. Se vieron limitadas las libertades de expresión, enseñanza y culto. No se pudo evangelizar libremente. Ganar y perder es la única frase que viene alimentado a este pueblo durante más de medio siglo. El ego, la altivez, el orgullo, la hipocresía y la soberbia han sido manjares predilectos y a su tiempo no quedarán impunes quienes así abominaron contra Dios. El encantamiento y la manipulación es otro estornudo que enciende lumbre en estos tiempos de tanta necesidad espiritual, que niegan la posibilidad de una vida sana de amor, misericordia, bondad y perdón como razón de ser del pueblo. Se ha privado al cubano de poder escoger el modelo de vida ideal para sí y su familia; ha quedado obligado a actuar de cierta manera bajo el imperativo de que si no lo haces de este modo, no sirves. Se formó así una generación de incrédulos, entre los cuales se manifiestan tan intensamente los designios de la carne, que ellos mismos no pueden soportar las cargas impuestas. La excusa ha sido otra arma diabólica que ha mantenido cautivo, encarcelado y paralizado al pueblo. Si las cosas no salen bien, se recurre a la excusa para frustrar los sueños, visiones y proyectos que nacen de Dios para mejorar la vida de su creación. Durante estos casi sesenta años, el corazón se ha endurecido y no se siente la necesidad de perdonar como alivio espiritual para la vida del ser humano. Perdonar no es olvidar, sino sacar de la mente; no es decir que nada pasó, sino desatarte para no dejar que el pasado se repita en el presente ni que el dolor de ayer te siga lastimando hoy. Perdonar no es algo que haces para otros, sino para ti. Rompes tus cadenas y puedes caminar en victoria en nombre de Cristo Jesús. Al perdonar quizás continúes sintiendo los mismos síntomas negativos de antes, pero debes perseverar en el proceso hasta que la herida sane y recuerdes los hechos sin fuerte emoción. Muchas veces piensas que, si no perdonas, las personas responsables recibirán su propio castigo, pero en realidad solo tú eres el perjudicado al quedar estancado en ese recuerdo y preso en hoyos profundos. El perdón no es una opción, es un mandato de Dios. Él decretó:“ Como te he perdonado tus pecados y no me he acordado más de ellos, así te mando a que perdones”. Cambiar tu mentalidad te libera de ser víctima o victimario, de tener pensamientos negativos, tóxicos y discriminatorios hacia tus semejantes para forjar y mantener buenas relaciones. Desobedecer a Dios y a su palabra conllevó a que, poco a poco, la familia cubana se deteriorara espiritualmente. El amor verdadero— que es eterno, sobrepasa todo entendimiento y se derrama solo por Dios— se fue enfriando. El alma se fragmentó y quedó encarcelada en lugares de oscuridad arrastrada por la carne enemiga del espíritu. Se edificó sobre la arena y cuando vinieron los fuerte vientos, se cayó todo y grande fue la ruina. Muchos conocieron a Dios y no lo glorificaron ni le agradecieron, sino que se envanecieron en sus propios razonamientos porque su necio corazón se entenebreció. Mas el fin de todas las cosas se acerca. Buscad a Dios mientras pueda ser hallado. Nuestra esperanza
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