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relativamente pequeño en la provincia de Matanzas, hay unos 40 musulmanes que, en proporción, superan a los grupos de pueblos y ciudades mayores. Otras localidades de la misma provincia y de las provincias de Cienfuegos, Holguín y Santiago de Cuba tienen grupos musulmanes relativamente numerosos. Algunos no tienen comunicación entre sí, pero en ocasiones han podido establecer contacto por intermedio de las comunidades habaneras. La diversidad se aprecia también en la orientación de las comunidades, que va desde sunitas y chiitas hasta seguidoras del Tabligh. Pueden ubicarse como cercanas a la concepción salafí o dentro de la escuela maliki, pero hay grupos inclinados al tasawuf. Algunas comunidades datan de años atrás y otras son de reciente formación; algunas despuntaron con mucha fuerza y luego desaparecieron prácticamente, como la comunidad de Jagüey Grande en Matanzas. Esta realidad diversa y compleja tiene como indicador la formación de grupos musulmanes que tratan de permanecer con vida y funcionamiento autónomos, aunque haya cierta comunicación entre ellos. La relación con la Liga Islámica transita por todos los matices: algunos colaboran asiduamente, otros guardan correspondencia más puntual o incidental concentrada en las jornadas del Ramadán o las visitas y otros ni siquiera se relacionan con la Liga ni reconocen su liderazgo. Todavía no hay datos exactos, pero sí se puede constatar que la comunidad musulmana crece constantemente con personas de todas las edades, grados de escolaridad y formación profesional que se acercan al islam y deciden después practicarlo. Se estima que 3,500 cubanos han declarado su profesión de fe, pero esta cifra ha sido puesta en duda. En visita a Cienfuegos, por ejemplo, se comprobó que realmente hay 20 musulmanes donde el dato estimado era 70. Así mismo se aprecia en las visitas que decenas de cubanos han dado la shahada, pero no han seguido la práctica del islam. Incluso algunos musulmanes que siguen practicando no se reúnen los viernes por diversos motivos y esto dificulta el trabajo estadístico. No obstante, el consenso entre varios hermanos de distintos lugares del país fija la cifra en alrededor de mil. La interacción adentro y afuera Las comunidades de creyentes no tienen otra alternativa viable de reunión que el rezo de los viernes. Así comenzó hace más de tres décadas y así permanece hasta hoy día, pero hay necesidad de mayores espacios para satisfacer las exigencias de las comunidades en crecimiento. También se requiere que estos espacios pasen de casas particulares a inmuebles dedicados expresamente a la práctica religiosa, con salón para el rezo, biblioteca y tienda de productos halal. Hay disposición real entre musulmanes cubanos para convertir sus casas en tales inmuebles para transmitirlos a las nuevas generaciones como lugares de culto. Para entender las dinámicas de las comunidades de musulmanes cubanos hay que tener en cuenta su relación con musulmanes de otros países, quienes han sido y son factor determinante para la formación y desarrollo de las comunidades cubanas, sobre todo los becarios musulmanes sarahuíes, yemenitas y palestinos que vinieron a estudiar a Cuba desde la década del 80 del siglo pasado. A principios de este siglo llegaron cientos de estudiantes pakistaníes que imprimieron nuevos giros a la orientación de los musulmanes cubanos. Ocasionalmente se interactúa con musulmanes de Qatar, Malasia, Indonesia y otros lugares, quienes visitan a los musulmanes cubanos, organizan encuentros, comparten el conocimiento del islam e incluso dan apoyo económico. En otra 121