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nacional, religión y orientación sexual,
son diferencias que marcan la forma en
que varios grupos de mujeres vivencian la
discriminación.
Tales
elementos
diferenciales pueden crear problemas y
vulnerabilidades exclusivas de subgrupos
específicos de mujeres, o afectar
desproporcionadamente apenas algunas
mujeres. Del mismo modo que las
vulnerabilidades específicamente ligadas
a género no pueden usarse como
justificación para negar la protección de
los derechos humanos de las mujeres en
general, tampoco se puede permitir que
las diferencias entre mujeres marginalicen
algunos problemas con estos derechos ni
que se nieguen cuidado y preocupación
iguales bajo el régimen jurídico. Tanto la
lógica de incorporación de género como
el foco actual en el racismo y las formas
de intolerancia coterráneas reflejan a
necesidad de integrar la raza y otras
diferencias al enfoque de las instituciones
de derechos humanos. La situación de las
mujeres negras se presenta aquí a partir
de los siguientes indicadores: educación,
trabajo e ingresos. Primero presentaremos
datos de Brasil, a partir del Expediente
Mujeres de Negras: Retrato de las
condiciones de vida de las mujeres negras
en Brasil (Instituto de Investigación
Económica Aplicada [IPEA], 2013).
Después abordaremos Perú a partir del
Estudio Especializado sobre Población
Afroperuana (EEPA, 2014).
Mujeres afrodescendientes en Brasil
El retrato de las desigualdades de género
y raza en Brasil es resultado de un
esfuerzo interinstitucional que envuelve
al IPEA, ONU Mujeres y las Secretarias
de Políticas para las Mujeres (SPM) y de
Políticas para la Promoción de la
Igualdad Racial (SEPPIR), ambas de la
Presidencia de la República. Todos los
indicadores permiten análisis simultáneos
de las categorías raza y sexo, así como, de
ser posible, las categorías de región
geográfica, domicilio (urbano/rural), clase
social y edades. En 2009 las mujeres
afrodescendientes eran alrededor de un
cuarto de la población, casi 50 millones
en 191.7 millones de brasileños(as). La
categoría de "negra" sumó las categorías
parda y negra. Del total de mujeres, 50%
eran afrodescendientes y 49,3% no, tal
como ya se había verificado en 2008.
Todas las investigaciones en Brasil
apuntan a las mujeres afrodescendientes
como la sección más pobre de la
población. La tercera edición del Retrato
de las desigualdades de género y raza
(2008) define la situación de pobreza
entre las mujeres afrodescendientes a
partir de menor ingreso, educación más
baja y mayor porcentaje de familias
monoparentales. Aunque hay mayor
índice de mujeres afrodescendientes en el
trabajo remunerado, las ocupaciones se
desenvuelven predominantemente en
condiciones precarias, que dificultan la
autonomía económica. El nivel de
ingresos se calcula por el ingreso familiar
y la variación se evidencia conforme al
precitado expediente (2013, 128). El
análisis de los ingresos desglosados arroja
que las mujeres, especialmente las
mujeres afrodescendientes, acceden de
manera diferenciada tanto a los
rendimientos de trabajo como a los
recursos necesarios para conseguirlos. El
expediente (2013, 55) señala que el
mercado de trabajo es considerado locus
privilegiado
de
análisis
de
las
desigualdades, ya que tanto el acceso
como la condición de ingreso representan
etapas particularmente importantes en la
trayectoria socioeconómica de los
individuos. Además, el mundo del trabajo
está fuertemente conectado con la
dimensión educativa: la posición inicial
de ingreso en el mercado de trabajo es
influenciada por las características
educativas y surte efecto sobre la
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