IDENTIDADES 1 ESPAÑOL IDENTIDADES 6 ESPAÑol | Página 52

hombros caídos y un profundo cansancio reflejado en su rostro. Por eso salí temprano. Ya no era un pan, sino dos los que me tocaban. Al salir de la casa me encontré el reparto en silencio, un silencio simulado que intentaba hacernos creer que los apartamentos se encontraban vacíos, porque sus moradores habían ido a la plaza. Esa era la idea: que todos pensaran que no había nadie en casa. Simulación es la palabra adecuada, porque todos estaban trabajando de manera individual e independiente, pero sincronizada, con el objetivo común de que nadie pudiera cuestionar su integración revolucionaría por no haber asistido al desfile en la plaza. Por eso permanecían callados en sus casas cerradas. Camino a la panadería me encuentro con la hermana de Ada, señora de edad avanzada que, de lunes a viernes, se sienta cerca del mercado a vender dulces para ayudar a sostener la economía en casa. Estaba agotada y al verla, la saludo con buenos días y pregunto por su hermana. Su respuesta me dejó pasmada: ¡Ada, estaba para la plaza! ¿Pero cómo? Ada, mujer retirada, que se levanta todos los días bien temprano para elaborar dulces que después vende de disímiles formas a fin de cubrir, junto con sus dos hermanas, los gastos de la casa. A veces tiene crisis con la salud; aquejada de dolores en articulaciones y huesos, ha tenido que pagar exámenes médicos a buen precio para que el doctor pudiera diagnosticarla. También lleva regalos los días de consulta para así garantizar buen tratamiento. ¿Qué hace entonces en la plaza? Continué mi camino, llegué a la panadería, compré el pan y seguí a la farmacia. Al pasar por el mercado, observé que había cola para comprar el pollo que comenzarían a vender tras concluir el desfile en la plaza. Durante el desfile, el mercado tiene que estar cerrado; no se pueden vender otros productos: solo el pan. De regreso a casa reflexionaba sobre las motivaciones que movían a esas personas a desfilar en la plaza. Llegué a la casa y puse la radio; quería entender qué pasaba y me dispuse a escuchar el reportaje. Los periodistas de la radio y la televisión cubana repetían consignas y hablaban del apoyo unánime de la población cubana a un modelo económico en perfeccionamiento, a las conquistas del socialismo, a la causa del pueblo venezolano… Corrí el dial hasta Radio Reloj; sus locutores repetían las mismas consignas y relataban lo planteado por algunos trabajadores entrevistados durante el desfile, quienes exponían las razones para asistir a la plaza. También narraban qué había ocurrido en otros países y cómo los trabajadores manifestaban allá sus demandas. ¿Demandas? Súplica, petición. Pregunta. Acción judicial para hacer valer un derecho. Escuché que los obreros en Francia demandaban mejoras salariales y el derecho a trabajos dignos. Y en Cuba, ¿los trabajadores no tienen demandas? Un pueblo que pasa más de 8 horas al día pensando qué va a cocinar, sin que esta preocupación se deba a que cuenta con muchas opciones, sino todo lo contrario. El precio de los alimentos es alto y los salarios, en su gran mayoría, son bajos. Hablo por millones de personas, hablo del pueblo trabajador, que habla en la calles, en las guaguas, en las colas, en todos lados. Es imposible vivir sometidos a esta relación tan desventajosa. Salarios bajos y un costo de la vida cada día más alto. Los mandados por la libreta de abastecimiento cubren una comida diaria durante 10 días al mes. ¿Dónde está el desayuno, el almuerzo o la comida? Si almuerzas no comes. Estoy 52