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A partir de ahí, escribieron al Consejo de Estado, fueron a la Dirección Provincial de Albergues.“ Dimos todos los pasos que uno tiene que dar, pero nadie nos oyó”. Una vecina que trabajaba en Albergues buscó hasta encontrar al verlos en la situación que estaban viviendo. Vivian cuenta que nadie fue a recoger los escombros y tuvieron que hacerlo entre los vecinos. A su vecina la enviaron a otro lugar. Santa agrega que otros albergados contaron que antes llegaban donaciones y Vivian lo confirma:“ Daban ropas, pero desde que Santa está aquí, no he visto nada”. Vivian: Como puede ver, al que no se le moja por un lado, se le moja por el otro. Las tuberías están tupidas. Yo antes llamaba y venían las brigadas y destupían, pero ya las tuberías no lo admiten, porque son muchos años. Hay que cambiarlas. Aquí hay vecinos a los que no les llega el agua. Yo tengo pila en el baño, pero no me llega el agua. Cuando vinimos para acá, que no estaba la barbacoa, el agua rodaba y caía porque el canalón está inclinado. Mi esposo se subió y lo arregló. Ahora, con el aguacero que cayó el miércoles 29 de abril, la gotera cae en la camita de mi hijo de 32 años, que vive con nosotros. Arriba están la cama de nosotros y la de mi hijo. Santa: Con el aguacero ese grande que cayó me entró agua por el techo y por el piso. Otros vecinos cuentan que también se les metió el agua dentro del cuarto. A Vivian, como caso excepcional, por sus enfermedades, le prometieron que van a sacarla del albergue para un lugar con mejores condiciones.“ Que Dios ponga su mano, a ver si yo logro, lo poquito o lo mucho que me queda por vivir, dejar de dormir en un sofá y dormir en mi cama”.
Preocupa la situación de sus vecinos y Vivian quisiera que también pudieran resolver sus problemas de vivienda.“ Hay muchos niños aquí y hay que mirar por ellos”. Una semana después, cuando regresé al albergue acompañada del fotógrafo, supe que a Vivian la había alterado la conversación conmigo y no quería hablar más de su situación ni ser fotografiada.
Soy un caso social extremo
Alina Margarita Rodríguez es otra albergada de hace 21 años. Su casa en Regla estaba en muy mal estado y la trajeron aquí. Cuando entro a su cubículo, no tengo más remedio que sentarme con ella en la cama, único mobiliario, que ocupa casi toda la habitación, apenas a un metro del baño.
Alina Margarita y su nieta
Alina: Soy un caso social extremo. Mi hijo de 21 años tiene dos cardiopatías y es epiléptico, asmático, con problemas debido a los paros respiratorios. De todas formas se hizo un gran mecánico para la sociedad. Es mecánico C, aprendió mirando.
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