de que trabajaba en el Hospital Naval. Ella asegura que no había cometido ningún delito. Dice Santa que seis meses después me llega una citación. Estaba acusada de desacato, porque aquel día había faltado el respeto a la policía y por eso cumplió seis meses. Cuando Santa salió en libertad condicional, su madre se había llevado a la niña para la casa de otra hija, hermana de Santa, ya que estaba durmiendo en la calle. Santa: Pero es una casa muy pequeña La familia de lejos se lleva bien, pero cuando hay niños … Y más si viven doce personas. No en alto y bajos, son doce personas en un pedacito. Puedes ir a Casablanca. Ahí están los vecinos que te dirán que nada de esto es mentira. Algunos ayudaron a mi mamá. Nosotras dormimos en la calle, en paradas de ómnibus, en pasillos. Una vez nos echaron agua incluso. Kirenia cogió un estafilococo y estuvo ingresada cuatro meses. No contaban con ella.
Los vecinos nos hicieron un cuartico
Kirenia: Mis padres se separaron cuando yo tenía dos años y mi madre se juntó con mi padrastro, padre de mi hermano menor. Mi padrastro es blanco y su familia muy racista. No querían a mi mamá. Mi madre vivía en Regla y se fue a vivir con él a Casablanca, donde hizo una casita de madera al lado de la suegra. Pero allá mucha gente no tiene propiedad, porque es un barrio insalubre. Llevan veinte y treinta años sin propiedad de sus viviendas. Una vez dijeron que al que tuviera baño adentro de la casa le iban dar su libreta de abastecimiento y derecho a la propiedad de la casa, pero la madre de mi padrastro nunca dejó que mi mamá hiciera baño. Teníamos que usar el baño de la cuñada u orinar en una latica o hacer las necesidades en un papel y botarlo, a veces en la misma fosa de la madre de mi padrastro.
Niños del albergue
Kirenia no tiene un buen recuerdo de él:“ Maltrataba mucho a mi mamá. Las marcas que tengo en la frente son las uñas que a cada rato me enterraba”. Kirenia: Como a los dos meses de mi mamá estar presa, la suegra le dice a mi abuela que le dé a mi hermanito para que no pasara trabajo con los dos. Le dijo que de todas formas, era ella su abuela y vivía lado. Mi abuela nunca pensó que era con mala intención y se lo dio. A los dos días, le dijo que ella y yo teníamos que irnos de allí. Llevábamos once años y mi madre hasta pagaba el Comité de Defensa( CDR). Ella dijo que teníamos que irnos porque todo eso era de ella y estaba autorizada por el hijo, mi padrastro, que estaba preso, para sacarnos. Mi abuela dijo que no iba a salir y no salimos, pero no teníamos comida y unos días después mi abuela me dijo:‘ Voy a levantarme temprano para ir a casa de tu tía en Lawton y traer algo de comida; no dejes entrar a nadie que yo viro rápido’. Ella se levantaba a las cinco, y a las nueve estaba de regreso. Parece que la estaban velando. De pronto, alguien me despierta y me dice:‘ Arriba, que vamos a terminar de tumbar esto’. Cuando abrí los ojos lo primero que vi fue el cielo. Me sacaron a la fuerza entre uno vestido de civil y un policía que le decían Mendilusa, jefe de la unidad aquí en Regla.
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