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Todo lo que mi mamá tenía se lo
pusieron en el medio del callejón. Si
quiere, la llevo a Casablanca para que
vea que nada de esto es mentira. Allá
todos los vecinos me quieren. Tuve que
dormir en casa de vecinos; comer en
casa de vecinos y en centros de trabajo.
Para mí, aquello fue un desalojo. En la
Dirección Municipal de la Vivienda
(DMV) nos hicieron un expediente
como caso social por no tener hogar.
Llevo veintiún años esperando la
solución del caso. Recuerdo que íbamos
a la DMV y estábamos horas y horas.
Como había un comedor nos daban
almuerzo y comida.
Después, una vecina, que Dios la tenga
en la Gloria, nos dio un pedazo en su
patio para que levantáramos un
cuartico. Entre todos los vecinos, con
cartón, zinc, tabla, sábanas, nos hicieron
el cuartico. Ahí estuvimos hasta que la
DMV nos dio este cubículo de albergue.
YR: Me dijiste que habías intentado que
viniera la televisión.
Kirenia: Un día fui a la sede del
gobierno local y, por coincidencia,
había un carrito de la televisión
parqueado. Les pregunté de qué canal
eran, como a ti, y me dijeron que de
Papelito habla. Les conté mi caso y me
dieron la dirección; me dijeron que no
dejara de ir, pero sinceramente… Nos
dieron esto enseguida. Creo que me
vieron hablando con la televisión y se
apuraron. Además fui adonde Mariela
Castro, con todos mis papeles. No hablé
personalmente con ella, pero me dijeron
que esperara respuesta. Fue cuando
vino alguien de la Asamblea Nacional
que tenía que ver con las construcciones
y eso, un prieto alto. A ese lo vi
personalmente. Le conté mi caso y me
preguntó si yo era Kirenia. Ahí supe que
había venido por mí.
YR: Entonces, fueron atendidas.
Kirenia: Pero no debidamente. Al
principio me dijeron que nos habían
cerrado el expediente y eso solo puede
hacerse en dos casos: que me hayan
dado una vivienda o que yo haya
mejorado mi estatus de vida. Nada de
eso había sucedido. Cuando fueron a
Casablanca y vieron el cuarto sin baño,
con el piso de tierra, se dieron cuenta de
que era verdad lo que yo decía y nunca
lo llegaron a cerrar. Quizás le dieron la
vivienda no sé a quién.
El cubículo consistía en el pequeño
cuadrado de la sala, quizás un par de
metros cuadrados. No tenía cocina, pero
al menos tenía baño adentro. La meseta
de la cocina se la hizo su hijo. En ese
espacio reducido debían ubicarse las
camas para Santa, Kirenia y la niña
nacida, además de los muebles, el
televisor, el refrigerador. Solo había una
cama para ubicar y donde se ubicó, se
mojaba.
A Kirenia le regalaron unos pedazos de
pino. “Algunos tienen hasta comején,
creo”, dice Santa. Con ellos su hijo
logró hacer la barbacoa para tener un
poco más de espacio, pero las tablas son
muy finas y no deben caminar mucho
encima. Santa no duerme arriba ahora,
porque hay mucha humedad. Hay una
grieta en la pared y entra el agua. El
colchón que tenía en la cama se mojó y
se echó a perder. Ella duerme abajo,
encima de una colcha. Su hijo menor
que está ahora con ella, pero observo
que las condiciones de Santa no son tan
malas: tiene refrigerador, televisor,
lavadora…
Santa: El televisor lo pagué a plazos. El
refrigerador me lo compró mi hermana
que vive afuera y ya viejito lo pude
cambiar por ese, que aún lo estoy
pagando. La lavadora me la compró esa
hermana que vive en Noruega. Cuando
viene nos atiende, pero no manda nada.
Santa trabaja en una especie de casa de
visitantes, donde radican funcionarios
judiciales de Regla, Guanabacoa y
Habana Vieja. Vienen de otras
provincias a prestar servicio en La
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