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constitución étnica (el mestizaje) e
invisibilizar las desigualdades.
Así mismo se evidencia falta de voluntad
política para ocuparse de las políticas
necesarias
que
solucionarían
las
desigualdades sociales, económicas y
políticas de los afrodescendientes. El
gobierno
cubano
reconoce
discursivamente la diversidad y la
diferencia en sus documentos30, pero no
de facto, y permanece reticente a
implementar acciones afirmativas para
avanzar en su solución.
El desarrollo de las reformas en curso está
ampliando la brecha entre los individuos
y grupos favorecidos y aquellos
convertidos —de la mano del mercado
que no les acoge y del Estado que aún
administra y limita sus derechos— en
perdedores del cambio: trabajadores
urbanos y rurales, familias huérfanas de
remesa, mujeres, negros y mestizos,
ancianos, habitantes del interior. Tal
situación obliga a redefinir y revalorizar
temas como el de la discriminación racial.
La agenda de cualquier activismo social y
más aún, de cualquier plataforma política
relevante en la Cuba futura, deberá acoger
estas voces y demandas excluidas.
Notas:
1- Alejandro de la Fuente “Tengo una
raza oscura y discriminada. El
movimiento afrocubano: hacia un
programa consensuado”, Revista Nueva
Sociedad, 11/1/2012. Los autores
consideran los aportes de este historiador,
junto a los de Víctor Fowler y Carlos
Moore, entre las miradas más sugerentes
en torno al tema racial cubano, con
impacto en los debates de la esfera
pública de la Isla y su diáspora. La
problemática enmarcada en el espectro de
conflictos
sociales
de
la
Cuba
postrevolucionaria también ha sido
abordada por el intelectual marxista
Samuel Farber en sus más recientes
trabajos.
2- Las propuestas de políticas públicas
concretas de la Cofradía de la Negritud,
del 22 de junio del 2013, siguen
pendientes de ser tomadas en cuenta por
el gobierno. Ver las propuestas en
http://www.afrocubaweb.com/coneg/desd
elaceiba22junio11.htm
3- Tampoco se han podido correlacionar
las variables de vivienda con el acceso de
blancos, negros y mestizos; por los
procedimientos de clasificación de negros
y mestizos en el último Censo Nacional
(2012) no parece posible lograr
inferencias de estas desigualdades desde
la información disponible.
4- También pueden ser nombrados como
oficialistas, en la medida en que su límite
discursivo
y
práctico
es
de
reconocimiento y subordinación a la línea
del discurso oficial sobre el tema y a las
prácticas de las instituciones estatales y
partidistas. No obstante, algunos agregan
demandas culturales y sociales a la
agenda gubernamental.
5- Esta postura orgánica es congruente
con el patrón de política cultural
construido en los años 90 por Abel Prieto,
el cual sirvió para reformular la
hegemonía estatal, sustituyendo el
discurso marxista por un nacionalismo de
supuesta raigambre martiana, mediante un
arsenal de prácticas de cooptación y
censura selectivas. Hoy esa política
cultural se encuentra superada por los
hechos y por la propia riqueza y amplitud
de perspectivas del debate en torno a
temáticas de la historia, cultura y política
dentro y fuera de la Isla.
6- Durante la década pasada tuvo lugar
una inflexión positiva en el discurso
tradicional de “superación del racismo”,
al reconocer la máxima dirección del
Estado (Fidel Castro) la sobrevivencia y
reproducción de las problemáticas que
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