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entonces los espacios públicos de la prensa y los medios masivos de comunicación. Tampoco se escuchan las demandas de políticas públicas específicas para la solución del problema; además de congelarse “el proyecto de nación” como algo ya definido, concluido y único. Desde este enfoque, el problema racial queda estancado en su invisibilidad y en la imposibilidad del desarrollo de políticas públicas específicas de solución. Dos limitaciones ideológicas impiden el cambio de las posiciones del gobierno. Por una parte, el enfoque del marxismo del siglo XX, que pospuso e invisibilizó los problemas de género, territoriales, raciales, subordinados a la toma del poder y a la lucha de clases. Por otra parte, el menosprecio a los derechos civiles y políticos, entendidos como parte de una democracia “burguesa” que habría que erradicar y que Cuba comparte con todas las experiencias del “socialismo real”. Una tercera limitación política-conceptual es la ignorancia de la dirigencia histórica sobre el problema racial, pues entendió que al erradicar jurídicamente la desigualdad racial y desarrollar políticas de igualdad para todos los sectores sociales, se resolvería automáticamente el problema. Las desigualdades del punto de partida no se tuvieron en cuenta y tempranamente se dio por clausurado el tema. La izquierda alternativa Esta segunda postura rebasa en su debate e incidencia públicos los ejes y límites fijados por el discurso revolucionario, aventurándose hacia una crítica estructural del modelo de socialismo de Estado. Sus foros, publicaciones e intervenciones son más abiertos que los orgánicos, aunque aún persisten en su seno problemas en el diálogo por razones ideológicas o personales, tanto con aquellos intelectuales cercanos a la línea oficialista como con los del segmento abiertamente opositor. Esta tendencia18 posee una diversidad temática apreciable y tiene la potencialidad de operar en el tendido de puentes entre intelectuales y públicos diversos. En general se proyecta hacia aquella ciudadanía que rechaza ubicarse en contaminadas coordenadas políticas. Su desarrollo corresponde con la expansión de la diversidad social y con la reacción a los mecanismos de la política cultural vigente, crecientemente incapaz de integrar, de forma atrayente y sin sacrificio de autonomía, a voces jóvenes y críticas de izquierda, amén de nutrirse de la emergencia de sociabilidades autónomas. A diferencia de la Comisión Aponte, los activistas alternativos de la Cofradía de la Negritud proponen la necesidad del debate público y su inclusión en los medios masivos de difusión, así como políticas públicas concretas para incluirse en las instituciones estatales y paraestatales desde una posición de adhesión a la Revolución. Igualmente, sus demandas no han sido escuchadas por el gobierno cubano. Estos activistas alternativos, si bien dirige n sus recomendaciones a las instancias oficiales (parlamento, sistema educacional, organizaciones de masas…), no sustentan su discurso en la invocación reiterada a “la Revolución y sus conquistas”, sino que demandan el “derecho a la existencia legal de organizaciones sociales y comunitarias que se propongan contribuir a los esfuerzos de la nación dirigidos a eliminar el racismo, la discriminación y la desigualdad raciales”. Asimismo hacen hincapié en los factores estructurales (pobreza, marginación, desigualdad) que reproducen la situación desfavorecida de 35