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Las nuevas propuestas que irrumpieron en la
escena plástica hacia 1981 inauguraron una
nueva etapa del proceso histórico artístico
nacional, en sintonía con coyunturas
económicas, políticas, sociales y culturales
mucho más disentidas. Aparecieron otros
intereses temáticos que intentaron subvertir
el tono apologético y epidérmico de las
nociones de identidad, cubanía y cultura
popular que habían dominado buena parte de
la producción plástica anterior. Estas
significativas propuestas estéticas, de acento
antropológico, se orientaron por la voluntad
de conocimiento y la valoración de las
diversas fuentes de las raíces culturales.
La nueva perspectiva crítica comprometió a
casi todos los temas de alcance social y
estuvo condicionada por la tónica del
momento en que se reconocía el caudal de
errores y fracasos del proyecto social, que
condujo a una eclosión de un pensamiento
cuestionador con sentido crítico de las
direcciones por donde había discurrido dicho
proyecto, copia del modelo soviético, que
había ahogado el pensamiento nacionalista
de orientación liberal, fundado desde sus
inicios sobre la propia perspectiva de
identidad cultural de la nacionalidad.
En los contenidos del arte no sólo
emergieron la problemática vital cotidiana,
los conflictos de a diarios relacionados con
la orientación sexual o los menesteres
específicos del circuito del arte, como
legitimación, recepción y censura, sino que
también desempeñaron un papel destacado,
en la palestra cítrica de la plástica
contemporánea, los contenidos vinculados a
la interpretación de la historia, la visión de
los héroes y el tratamiento de los símbolos
patrios y religiosos. El fundamento analítico,
ya establecido como nota consustancial a la
práctica
artística,
animó
profundas
reflexiones en torno a los complejos
trasiegos temporales y temáticos entre el
pasado y el presente, la ideología política y
el pensamiento religioso.
Algunos trabajos artísticos revelaban la
complejidad e irreversibilidad de los
procesos
de
mitologización
de
personalidades históricas y de figuras
imaginarias a nivel de la conciencia popular.
Estas muestras marcan un punto de inflexión
hacia el nuevo momento del proceso
histórico sociocultural cubano. Se rompen
los paradigmas impuestos por la censura y
ordenanzas del quinquenio gris y se abre un
resquicio temático para lo religioso,
aceptado como categoría estética, después de
casi tres décadas de silencios y ocultaciones.
Rubén Torres Llorca, Esta es tu obra, instalación escultórica (1989)
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