Ideas Escrita Infinito | Página 32

#32 Estrellas Richard Pérez San Carlos, Venezuela Cierro los ojos y hago desmayar mi humanidad sobre el césped que, con una delicadeza solo comparada con un beso del más dulce de los amores, se deslizaba entre los dedos de mis píes. Estaba rodeado por un jardín colmado de flores cuya gama de especies y colores, deleitaba la retina de cualquier observador; el aroma que destilaban cada una ellas, era zarandeado por la brisa y, como una especie de gas adormecedor, me hizo entra en un profundo estado de somnolencia; terminé rindiéndome y, dando mí ultimo parpadeo, caí dormido. Luego, desperté. La cálida luz de aquella hermosa tarde de verano que me había visto sucumbir ante mi necesidad sueño, ya no estaba. El manto de una agradable oscuridad había cubierto el cielo en su totalidad; era la presencia de una de tantas noches veraniegas, simple y apacible, pero con un detalle que la hacía excitante a la vista: ¡Estrellas, muchas estrellas! Froté mis ojos en busca de aclarar mi visón y, ayudándome de una roca que descansaba a un lado de mí, me levanté y comencé a transitar por mi propio edén. Cientos, miles, quizás millones; había estrellas en toda la extensión de aquel cielo nocturno. Aquella pequeña siesta parecía haberme transportado a la más ficticia escena de algún libro de la guerra de las galaxias o, incluso más allá, me llevó directo a un lado de Vicent Van Gogh y su noche estrellada. Aunque la belleza del jardín que mis píes tocaban era desmesurada, el otro jardín plagado de rocas luminosas se convertía, conforme más lo admiraba, en dueño y señor de mis sentidos. Iba haciendo ondulaciones conforme caminaba entre las Lirios y girasoles, p a s a n d o p o r l o s t u l i p a n e s y hortensias, recuerdo haberme pinchado la mano con una espina proveniente de las rosas, pero estaba tan concentrado en el espectáculo