Ideas Escrita Infinito | Page 33

que se llevaba a cabo encima de mi cabeza que no preste mayor atención. Seguí caminando y lo que parecía un par de metro se convirtieron en kilómetros de recorrido. Llegué a una cornisa… el punto perfecto de observación pues podía unificar ambas maravillas visuales en un mismo punto de visión; casi parecían tocarse cielo y tierra en el infinito horizonte. Recosté mi cabeza en una pequeña porción de hierba seca que parecía estar allí, solo y únicamente, para servirme de almohada. Miré a las alturas y advertí que las flores brillaste del cielo titilaban con cierta incontinencia, pero lo que parecía un patrón sin ningún orden aparente, poco a poco se transformó en la más pulcra de las coreografías; y al ritmo de aquella danza, volví a ceder mi cuerpo ante el sueño. Volví a despertar en la misma cornisa donde dejé reposar mi cuerpo, pero las estrellas que antes velaban mi s u e ñ o, ya n o e sta b a n . A q u e l espectáculo se había extinto con la llegada de un nuevo amanecer. Solo se quedaron conmigo dos de esas hermosas rocas brillantes: La primera, tan grande como cualquier planeta que rodea a la tierra, imponente y cautivante, cuya belleza radica en su poder de destrucción y se contradice a sí misma al ser un motor sustentador de la vida: el brillante sol. La segunda, no tan grande como la primera, quizás no es notada ni por la mitad de personas que admiran al sol, no tiene un poder destructivo que haga merecer el respeto de todos, ni hace florecer la vida en todo un planeta. Pero su tamaño no es referente a su autenticidad. Tal vez no es notada por todos, pero es admirada por mí. Su único poder destructivo es corromper la simpleza de mis días. Su belleza no radica en solo un aspecto o una cualidad, lo hace en toda la extensión de su existencia. Y aunque no hace florecer la vida en todo un planeta, lo hace en e l f o n d o d e m í : S i e m p r e y únicamente, Tú. https://m.facebook.com/ Escritosqueescribo #33