Sortea el corazón prematuro de escarcha,
el rocío confitado de nácar.
La noche de la aurora fugitiva
eleva su cauce,
clava sus tenazas,
larga la explanada.
Con un destello
tiende el telar del vasto campo.
Abre las fauces del más rudo socavón
que araña los confines,
Mientras tenso los nudos
ahuyenta los barrotes de su antigua jaula.
se rasgan las mejillas de mis manos.
Todo anuncia descalabro Así, marca el sello a su faena
que de momento gira, quién labra danzante el paso y su huella.
tiembla montado en su eje.
Une los dedos uno a uno,
Buscando despertar su parpadeo
junto al par que le pertenece.
un fulgor ebrio da tumbos,
crepita como trompo al despeñadero.
La madre de todos los fractales.
La bóveda que aquí sostengo
no es hebra ni filamento,
sino esfera de ventisca frágil.
Imagen viva del robusto péndulo
que suda flamas
desde el rugoso monte de mis venas.
#31