Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 91
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
muchos años una entrevista a Giuseppe Sinopoli en la que decía que a él no
le asustaba el vacío, sino el vacuum, un concepto más profundo y metafísico
que el mero vacío, porque el vacío podía llenarse, pero el vacuum jamás. El
vaciado de memoria en una fracción de segundo es el temido vacuum de los
intérpretes solistas, y ahora veremos que cuando eso ocurría su bochorno
también representaba un vacío muy difícil de llenar.
Stravinski apreciaba en los demás aquello de lo que él carecía, que a su
entender era muy poco, de ahí que allí donde él no hacía pie se postrernara
a los pies de los colosos, uno de ellos Toscanini, como ya hemos visto.
Stravinski y el color blanco fueron muy buenos amigos. Su Concierto para
piano e instrumentos de viento se estrenó el 22 de mayo de 1924 en la
Ópera de París, dirigiendo Serguéi Koussevitzki con el autor al piano. Todo
fue sobre rosa en el primer movimiento, pero en el arranque del segundo
Stravinski se quedó en blanco en una pose propia del Narciso mitológico, al
contemplar reflejadas sus manos en el bastidor del piano, de manera que
hubo de esperar a que el director le canturreara las primeras notas del
larguisimo para así devolverlo a la sala desde donde quiera que estuviese. A
alguien de tan todopoderosa memoria como Rachmaninov le fue algo mejor
cuando se quedó en blanco por la tarde el 18 de junio de 1912 (un suceso de
merecida notación cronológica, ciertamente) durante un concierto que
aspiraba a ser tan infalible como los anteriores. En carta del día siguiente a
su amante Marieta Shaginian daba una voz de alarma: «No estoy
tuberculoso. Simplemente cansado, muy cansado, y vivo a base de gastar
mis últimas fuerzas. Por primera vez en mi vida, durante el concierto de
ayer, en una fermata olvidé lo que venía después, y para zozobra de toda la
orquesta estuve largo tiempo tratando de recordarlo mientras salía del paso
improvisando. Le pido a Dios poder retirarme pronto». Pero las quejas de
Rachmaninov fueron más oídas por los médicos que por Dios. Por entonces
sólo tenía treinta y nueve años y aún daría conciertos hasta el año de su
muerte en 1943.
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Preparado por Patricio Barros