Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | страница 92
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Veintiocho años después de que Wagner lo hiciera, probó Rimski-Korsakov a
dirigir de memoria a Beethoven. El concierto tuvo lugar el 30 de noviembre
de 1876. Entre otras cosas se interpretaron fragmentos de su Quinta
sinfonía. Según Rimski, «el concierto salió a las mil maravillas y sólo la
sinfonía de Beethoven fue mediocre». Esta autocrítica tiene su justificación,
dado que asumió el riesgo de dirigir todo el repertorio sin la partitura en el
atril, «pero me acuerdo —dice en su Autobiografía— que en el pasaje del
scherzo final de la sinfonía me falló la memoria», de manera que sólo con la
ayuda del primer violín regresó a la melodía y a tiempo para cambiar el
compás y el tempo. «No acerté a perdonarme a mí mismo esta distracción y
esta falta de atención, que afortunadamente nadie notó, y desde aquel
momento decidí dirigir siempre con la partitura ante los ojos». Mili Balakirev
era otro fenómeno con una memoria muy sui generis, ya que, tal como
denuncia Rimski-Korsakov en su Autobiografía, solía dirigir todas las obras
de memoria, pero a cambio no daba una sola entrada a la orquesta. El éxito
de este peculiar estilo no podía durar mucho. El 17 de marzo de 1882
Balakirev dirigía en un concierto el estreno de la Primera sinfonía de
Glazunov y la ópera Sadkó, de Rimski-Korsakov. Uno de los dos se fue muy
descontento aquella noche a la cama: «Esta vez Balakirev hundió mi obra
lisa y llanamente. Al iniciar la segunda parte indicó el cambio de movimiento
un compás antes. Ciertos instrumentos fallaron su entrada, dando origen a
un indescriptible caos. Desde aquel día Balakirev dejó de dirigir de
memoria».
Si el mejor amigo del músico es la memoria, el peor enemigo de la memoria
son los nervios. Personalidades severas y flemáticas como Rachmaninov,
Sviatoslav Richter o el propio Busoni contrastaban con otras cuya mayor
concentración sudorípara se localizaba en la esfera del reloj, por no ver el
momento de que aquello acabase. Es decir, el recital. Supongo que así fue
como el pánico escénico llegó a convertirse en pánico de proscenio, porque,
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Preparado por Patricio Barros