Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 90

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron para el director no llegó nunca. De modo que se fue a su casa con todas las partes de la orquesta, las distribuyó por el suelo de la manera en que se sienta la orquesta, se aprendió la pieza de memoria en una noche y a la mañana siguiente ensayó así». Es muy cierto lo que refiere Baremboim y concuerda exactamente con lo que Arthur Rubinstein contaba de aquél en sus memorias: «Entre sus numerosas y fantásticas interpretaciones recuerdo en especial la ópera Wozzeck, de Alban Berg, que dirigió sin partitura de principio a fin. Nunca recurrió al papel para acompañar a los solistas en ningún concierto». Mitropoulos tenía además una virtud muy poco corriente en los directores musicales: la amabilidad. Así como Toscanini había convertido su memoria en un arma de tortura durante los ensayos, Mitropoulos, por su parte, la tenía como un instrumento de concordia, ya que se imponía a sí mismo memorizar el nombre de todos los componentes de una nueva orquesta antes de comenzar el primer ensayo. … Y, claro, memorias de primate en cuerpos de elefante No, la cuerda floja no sólo se inventó para los equilibristas. El hombre por lo general es un payaso para el hombre, pero cuando está tocando un instrumento ante tres mil personas se convierte en el lobo del que hablaba Hobbes. Se convierte en un depredador de perfección. También en un cazador de reconocimientos. Pero ocurre que ese solista no está en un circo ni en una estepa, sino en un escenario, o mejor, en un gigantesco cuadrilátero sin más contrincante que él mismo reflejado en un espejo, tal como veremos le ocurrió a Stravinski con sus manos. No todo solista que sale a ese cuadrilátero siente pánico escénico, pero sí todos sienten lo que podíamos llamar pánico cromático. No sólo salen a tocar, sino también a jugar a una ruleta rusa que en lugar de balas tiene algo más amable: colores. Y créanme que el más temido por un cantante o un instrumentista no es el proverbial amarillo, sino el blanco. En ese color maldito se quedaron algunos descorchando una nota sin nada dentro. Recuerdo haber leído hace 90 Preparado por Patricio Barros